Inventario de mis actividades literarias de 2016

El 2016 fue un año inesperadamente movido en actividades relacionadas con la literatura para mí. Este resumen es para los pocos que tal vez se alegren de las pequeñas cosas buenas que le pasan a uno.

Como algunos puede que recuerden, ando de retirada de la literatura, tanto que he logrado que este texto sea lo único que he escrito este año. Sin embargo, alguna gente valora un poco los atrevimientos de uno y, como dijo García Márquez, "es más difícil acabar una guerra que empezarla", así que retirarme definitivamente de la literatura será un proceso largo y lento, máxime si tengo unos cinco libros sin publicar, algunos con más de 25 años de haberlos escrito.

El 22 de abril brindé una charla de acercamiento a la creación literaria a los estudiantes de la Institución Educativa Madre María Bernarda de Ciénaga de Oro. Invitado por el profesor Rafael Padilla y su equipo de docentes del Departamento de Español, tuve como público a unas doscientas personas entre estudiantes, profesores y personal administrativo. Fue una dinámica jornada con activa participación de los estudiantes.

El 26 de abril fungí como jurado del Primer Concurso Interinstitucional de Cuentos en San Juan de Urabá “Todos tenemos algo que contar”, invitado por la docente Bella Rosa Galvis Martínez, organizadora del certamen.

El 28 de abril estuve en dos eventos en municipios muy distantes el uno del otro. Fue una jornada maratónica:

Muy temprano viajé desde Cereté, donde resido, hasta el municipio de Canalete (ubicada a unos 50 km), donde el profesor José Beleño me preparó un homenaje.

José Beleño es un docente de Sociales en la Institución Educativa San José de Canalete que adelanta unos loables programas extracurriculares de repercusiones en toda la región. Ha hecho grabaciones musicales de talentos locales, ha tenido grupos de teatro, realiza jornadas literarias, organiza talleres con escritores, lleva grupos de estudiantes a encuentros literarios en otras ciudades, tiene un programa de cine que presenta películas en barrios y veredas del municipio, y adelanta un novedosísimo programa denominado Lectura al Parque. Este programa consiste en que él y su equipo de
docentes y estudiantes escogen a un escritor para ser leído y estudiado en las aulas. Adquieren una significativa cantidad de ejemplares del libro escogido. Para comprarlos buscan patrocinadores que aportan dinero, tales como docentes, funcionarios de la alcaldía, finqueros y comerciantes. El día asignado para ello, organizan un evento en el parque central del municipio, en el cual un numeroso grupo de estudiantes lee por turnos, uno tras otro, todo el libro escogido. Al evento asiste una significativa cantidad de estudiantes del municipio y habitantes del pueblo. Este año, en la Lectura al Parque que dedicaron a mi novela La senda de la Muertes, contaron además con la asistencia de los escritores Martín Salas y Carmen Amelia Pinto, y de Blanca Muñoz, Exsecretaria de Cultura de Córdoba.

Es la segunda ocasión en que escogen una obra mía (único autor repitente en este evento) pues ya había sido escogida Podene, la historia de un niño solitario (2013), en la primera lectura, y a principios de este año, en la número once, mi novela La Senda de la muerte.

Es este un trabajo silencioso pero muy significativo de este profesor que, cosa poco común, está muy relacionado con la literatura pero él se desempeña en el área de sociales. 

Rosiris Pérez, quien dijo de memoria más de 20 páginas de mi novela.
Luego salí a las volandas para Montelíbano (150 kilómetros de Canalete) pues a las dos de la tarde del mismo 28 de abril, la Institución Educativa Belén, en el marco de la celebración del Día del Idioma, me tenía preparado otro homenaje. En los salones se realizaron exposiciones y actividades relativas a mi obra, tuve un conversatorio con un grupo de estudiantes y luego me fue entregada una placa delante de la comunidad educativa.




El 29 de Abril, en la Institución Educativa San Bernardo de Montelíbano, tuve un conversatorio con los estudiantes lectores de mi novela La senda de la muerte. Estuve acuciosamente interrogado por alrededor de 150 alumnos, quienes demostraron no solo su capacidad de comprensión de la novela, sino un gran interés por la temática abordada en la misma.



El 17 de mayo, en el Colegio Nacional José María Córdoba (Conalco) de Montería, tuve un conversatorio con los estudiantes lectores de mi novela La senda de la muerte. Dirigidos por el docente Francisco Jiménez Petro, los estudiantes cantaron coplas, leyeron cartas y textos argumentativos, y presentaron una obra de teatro con base en la novela objeto de estudio. También organizaron un concurso de diarios de lectura de mi novela, y los ganadores recibieron la premiación respectiva.
Escenificación de mi novela


El 31 de mayo se realizó la entrega de premios del concurso de cartas con base en la novela La senda de la muerte en la Institución Educativa San Bernardo de Montelíbano. Este evento fue organizado por el docente Fabio Ramos. Los ganadores fueron los estudiantes María Ángela Quiñónez, Edy Mar Álvarez Fuentes y Rafael Brito Alemán. 

El 23 de julio tuve la presentación de mi novela La Senda de la Muerte ante el taller de literatura Cantos de Juyá, adscrito a la Red Nacional de talleres de Literatura (Relata) del Ministerio de Cultura. Esto se realizó en el Centro Cultural de Riohacha, La Guajira. Allí, con los miembros del taller, dirigido por el escritor Víctor Bravo Mendoza, y quienes habían estudiado con anterioridad mi novela, compartimos conocimientos sobre la escritura de novelas a través de la historia.
  
El 28 de julio tuvo lugar en Maicao (La Guajira) el Lanzamiento de la novela La senda de la muerte en la Casa de la Cultura de esa importante ciudad fronteriza. Al evento asistió más de medio centenar de personas entre los que se encontraban personalidades como Ramiro Choles Andrade (Presidente de la Academia de Historia de Maicao), el periodista y destacado dirigente social Alejandro Rutto Martínez (escritor, Exsecretario de Educación Departamental
y dos veces candidato a la alcaldía de ese municipio), Javier Díaz Daza (consagrado compositor vallenato con éxitos nacionales como Un compromiso contigo, Tu mejor amante y A que te conquisto, grabadas por Los Betos), entre otras personalidades como docentes, periodistas y escritores de la localidad.

Con el gran Javier Díaz Daza.

El 28  de octubre me hice presente en un evento de la Academia de Historia de Montelíbano, Córdoba, y me encontré la sorpresa de que me entregaron un hermoso diploma como reconocimiento a mi labor como artista. Fue para mí de gran satisfacción encontrarme allí con escritores, periodistas, dirigentes sociales y Ricardo Olea, decimero de gran reconocimiento nacional a internacional por sus premios y conferencias sobre este arte. 
Con el reconocido decimero Ricardo Olea.
El 21 de octubre tuve dos actos en el marco de la I Feria de la Lectura de Montería “Un Río de Libros”, organizada por la Alcaldía Municipal. El primero consistió en la conferencia “De modernidades y posmodernidades narrativas y otras curiosidades en la novela actual”, y el segundo fue un conversatorio sobre “El libro que cambió su vida”, en el cual compartí escenario con los escritores Félix Manzur Jattin (director de la Cámara de Comercio de Montería), Julio César Pérez Méndez (candidato a Phd en Literatura de la Universidad de El Paso, EEUU) y el gran poeta Álvaro Miranda, autor de la ya clásica novela La risa del cuervo. Este evento contó con una excelente asistencia de público en todos los actos de su programación.
  

Del 23 al 25 de octubre tuvo lugar el evento denominado Expociencia, en el cual numerosas instituciones educativas del departamento de Córdoba presentaron proyectos que adelantan en su interior. En este evento, realizado en el parque central de Montería, el Colegio Nacional José María Córdoba de Montería estuvo representado por el proyecto de lectura de mi novela La senda de la muerte. Allí expusieron ejemplares de mi obra, los diarios de lectura realizados por los estudiantes, y la obra de teatro basada en la misma novela.


El 31 de octubre asistí al conversatorio sobre mi novela La senda de la muerte en la Institución Educativa San Juan de San Juan de Urabá. Allí los estudiantes presentaron fotovideos (videos consistentes en sucesión de fotografías intervenidas en las que se escenificaban algunos episodios de la novela) y videos donde dramatizaban escenas de la novela. Luego hubo la sesión de preguntas, respuestas y comentarios sobre la experiencia de lectura del libro. Los estudiantes no sólo demostraron comprensión del texto sino también un gran interés por el tema y contextualización de la historia. 


El 11 de noviembre fungí como uno de los escritores invitados (conferencista) en el I Encuentro de docentes de Córdoba “Maestro, tú tiene la palabra”. Allí diserté sobre estrategias para incentivar la lectura en el aula.


Finalmente, quiero participar que este año adquirieron una importante cantidad de ejemplares de mis libros (Podene, La senda de la muerte y Cuentos para tener en cuenta) profesores y estudiantes de las instituciones educativas San Bernardo, San Jorge, San Antonio María Claret y Belén de Montelíbano; Madre María Bernarda de Ciénaga de Oro, San José de Canalete, José María Córdoba de Montería, y Universidad de Córdoba, en el Departamento de Córdoba; San Juan de San Juan de Urabá en el Departamento de Antioquia, y Santa Catalina de Siena y la sede Perpetuo Socorro de la I.E. No. 8 de Maicao, en el Departamento de La Guajira; además de ejemplares distribuidos en Medellín, Riohacha y otras ciudades.

Mis insuficientes agradecimientos a los que adquirieron, leyeron, analizaron y promovieron mis libros, valorando mi trabajo y proporcionándome felicidad con ello.

LA SENDA DE LA MUERTE, novela del escritor Naudin Gracián

Por Nelson Castillo Pérez
Escritor, docente universitario.

Esta novela no es experimental. Su técnica quizás lo fue en el pasado. Ya antes William Faulkner quiso decir algo sobre la condición humana y congregó una serie de monólogos alrededor del hombre que tallaba un ataúd para alguien que se iba a morir. Esta historia de Faulkner se titula Mientras agonizo, cuyos recursos técnicos venían a su vez de Ulises, la famosa novela de James Joyce. Más tarde, con la lealtad de un discípulo aventajado, tanto Naguib Mahfuz como Gabriel García Márquez, sin mencionar a Virginia Woolf, siguieron la estela: el primero escribiría la novela Miramar; y el segundo, La hojarasca. Ambas son novelas cuyos personajes tienen sus propios discursos que giran en torno a un mismo motivo.



De modo que lo experimental en la novela de Naudín Gracián es el método con el cual se construyó la novela en la asignatura Didáctica de la Literatura, donde los estudiantes en el aula de clase, bajo la paciente orientación del profesor, le dieron rienda suelta a la creatividad. Un método de construcción colectiva, un eficaz ejercicio de pedagogía.

En la década de los setenta ya el escritor David Sánchez Juliao había utilizado el método de investigación sociológica llamado IAP, Investigación, Acción y Participación, en el que el investigador se integra y participa con los habitantes de una región para construir colectivamente las ideas y establecer con objetividad la esencia del motivo investigado. A través de esta metodología el escritor cordobés escribió profundas historias testimoniales que reunió en un libro de combate: Historias de Racamandaca.

La novela La senda de la muerte, como lo dice el propio Naudin Gracián en la presentación del libro, es de su absoluta autoría, con lo cual ratifica que la obra literaria, aunque su mecanismo principal provenga de la realidad real, pertenece exclusivamente a la capacidad creativa del escritor, quien la ficcionaliza, es decir, la hace seductora, atractiva, mediante la sabia organización de los hechos, la elaboración de los diálogos, y el uso apropiado del lenguaje.

La novela que hoy nos ocupa, vista a grandes rasgos, presenta la historia de un adolescente descarriado, Weimar Vélez, atrapado por la vida delincuencial del medio en que vive, que es el profundo sur de la ciudad, cuyo final, por obvias razones, es fatal, para sufrimiento propio y de los suyos.

La novela se desarrolla mediante un contrapunteo discursivo que configura diferentes escenarios con sus respectivos personajes frente un mismo motivo: Weimar Vélez.


Por una parte, entre otros puntos de vista, un narrador omnisciente; por otro, soliloquios de personajes que hacen parte orgánica de la trama, y por otro, la visión de un académico que se propone a escribir un diario en torno a la vida que observa y siente en el medio donde vive una temporada, que es el sur de la ciudad, escenario en el que se mueven Weimar y los demás amigotes del parche. Un  pretexto, si se quiere, para hablar de la inseguridad social y del estado lamentable de la pobreza y la mala educación que arroja a los jóvenes al mundo de las drogas y a la delincuencia. Y detrás de todo, como la piltrafa de una bandera ondeada por el viento de la derrota, el fracaso estruendoso del capitalismo.

La senda de la muerte - una novela de chirretes

Continuación de la entrada del diario del miércoles 19 de agosto.

Uy, parce, mire a mi bebé hermoso. Graciela, así se llama. Ese es el nombre de la primera pelada que yo quise de verdad. Más fiel que el mejor perro, parcerito… Pille cómo la mimo. Como a la mujer, hay que acariciarla con las manos y con la palabra; y, como la mujer, ella sabe entregarse al que la atiende bien. Y no olvides, viejo Bayron, que ella es tu vida. Si no la cuidas, si no la consientes, facilito te pueden estar pelando.
Y tú… ¿Cómo es tu nombre? Ah, Augusto. Ustedes, los riquillos, desde el nombre lo tienen poderoso: que Ricardo, que Antonio, que Augusto, que Carlos Raúl… Nombres de peso. ¿Cuándo se ha visto que un Bayron, un Weimar, una Maryuris o una Yurianis llegue a gerente de una multinacional? En fin, párale bolas, Augusto, que te voy a enseñar cómo se hace la vaina. Ponte cómodo porque esto se demora, valecita.
Cuando le vas a hacer la limpieza a un fierro, lo primordial es tener las herramientas que son pa’ esto, porque si no, te lo puedes tirar. Empiezas sacándole las balas. Después, vale mía, lo volteas. ¿Sí ves el tornillito este que está encima del gatillo? Coges así con el destornillador y tas, se lo quitas. Ahora coges el tambor como si le fueras a meter las balas, lo aguantas por alante, lo jalas… ¿Sí vio, parcerito, cómo salió? Breve. Bueno, hay que remover la base del tambor para alante, pa’ poder quitarle el eje. La clave para sacar el eje es que cojas un ganchito de madera, de esos de guindar ropa… mire, como estos que compra mi tía, se lo pone en la punta al eje, y lo aguanta con el alicate. Vea que le estoy dando vuelta es al tambor. Así es que él sale. ¡Ay, para qué va a ser! Eche, porque la punta del eje trae pa enroscarse y, si le dañas eso…, muertecito. Párale bolas a cómo salen los resorticos estos que están dentro del tambor. Fíjate en el orden porque después, cuando los vayas a poner, no sabes y, si lo pones mal, ay, papá, quizás se te trabe cuando dispares, y, si te pasa eso en una vuelta, simplemente te puedes estar llevando tu pepazo.
Este tornillito de aquí es el que aguanta la cacha. Vea, ahí salió. Es fácil de quitar porque abre hacia los lados y sale jalando pa’ atrás. Erda, coja la cacha, valecita: cayó bajo la silla. La jalé muy duro. Ahora mire este lado: estos dos tornillos que tiene aquí son los de la tapa del mecanismo interno del fierro. Con este mismo destornillador con el que quité los tornillos, la presiono hacia arriba pa’ que salga. Sí, parcero, el mecanismo tiene mucha cosa por dentro. ¡Vale mía, si las sacas y no las sabes colocar de nuevo, te ganas un chicharon! Échate más pa’ acá, pa mostrarte las piezas que tiene. Este es el martillo, valecita, el que da el golpecito al percutor que es esta ruedita que se ve aquí, que es la que golpea la bala pa que explote. Ja, ja, ja. ¡Ay, mijo, cómo no voy a saber de esto con tantos años que tengo de estar lidiando con fierro y bala! Vea, este es el gatillo, por si no lo sabía. Ja, ja, ja, como usted es como quedao en estas vainas… Ja, ja, ja, cule viaje con este man. Bueno, estos de aquí son los resortes. Este de abajo, sí, este resortico, ahí donde lo ve, tiene mucha presión porque es el que le da fuerza al gatillo pa’ golpear el martillo… Marica, usted no me va a creer que por ese resortico casi me pelan. Sí, mijo, una vez limpié un fierro que yo tuve, un 38, y como que no puse bien el resortico ese. Pues sí, cuando terminé de limpiarlo me puse cule pinta (unos pisos Nike, un suéter Tommy y un jean bien coleto que recién me había comprado) y me fui para Villa Crimen... Ja, ja, ja, usted sabe que ese barrio no se llama así, pero sabe de qué le estoy hablando. Bueno, como le decía, me fui para allá con el Puñalárabe, pal quinceañero de la hermana de una leíta que me gustaba. La vaina andaba bien: bailaba con la lea, me tomaba mis tragos, me metía mis pasecitos… y en una de esas me di cuenta del visaje de dos manes que nos miraban y nos miraban. Le dije al Puñalárabe que estuviera en la jugada. Tas, me paré de donde estaba sentado, compré dos cervezas, me devolví y me senté otra vez, eso sí: con el fierro bien acomodao, esperando a ver cuál era el viaje de los manes. ¡Claro que estaba cagao del susto! Entonces vi que uno de los tipos se metió la mano entre la camisa y el pantalón. Le avisé al Puñalárabe y empezamos a correr sin tener que ver con nada, mirando patrás, y los tipos detrás de nosotros, disparando. Yo hice el primer disparo pero cuando quise volver a disparar, ni mierda, valecita. El mundo se me vino encima, pero seguí corriendo y le dije al Puñalárabe que el fierro no me servía. Y los manes tirándonos plomo hasta que pasamos la carretera y nos metimos en la paja esa que está frente a las vacas de hierro. Cule poco e charcos que había pero, como estaba oscuro, los manes no nos vieron y logramos escondernos detrás de unos palos que están en esa paja.
Valecita, el de allá arriba nos vio esa noche. Sí, yo sé quiénes son las pintas que nos querían pelar. Ahí las estoy dejando amansar para darles duro. Vale mía, al día siguiente del susto ese, se me da por revisar el fierro para ver qué le había pasado, y me doy cuenta que fue el resortico ese que se le había salido, y por eso fue que el gatillo se aflojó. Desde esa vez ando es pendiente de si está bien puesto o no.
Bueno, otra cosa importante es esta barrita que queda como en el aire aquí: es la barra separadora. Es la que le da la seguridad al fierro cuando el gatillo no está apretado. Se pone hacia arriba bloqueando el martillo, para que no haga contacto.
Espérese, prendo esta varetica pa entonarme mientras le sigo diciendo lo del fierro. Uff, es que está buena. Mire, valecita, este es el conjunto de tornillos. Esto es mejor no soltarlo porque es muy difícil de armar, y las herramientas que sirven para eso no las tengo.
Lo último es la uña giratoria, que es la que hace girar el tambor. Es esta pieza que se ve aquí detrás de la cola del gatillo. Ella sube y baja para agarrar el tambor.
Listo, ya lo terminamos de desarmar. Ya lo que es la limpieza en sí es más fácil. Pásame el tarrito que dice Nitrosolvente. ¡Ese, mijo! Eres como atimbao. Es para limpiar el fierro. Coges un trapito limpio, le echas un poquito y se lo sobas al fierro por todos lados. A este cepillito de acero le echas unas góticas de Nitrosolvente, lo metes por la boca del cañón. Vea, así. Sí, varias veces. Que salga de lado a lado. Haciendo esto es que más me acuerdo de Graciela, ja, ja, ja. Bastante que le di. Eso es para quitarle los restos de pólvora. Ahora se le pasa un trapito limpio para secar el cañón por dentro. ¡Qué aguja va a ser esto, hombre! Esto es una varillita. Por el hueco se le mete el trapito para secar el cañón. Ja, ja, ja, mucho gonorrea ignorante: ¡ique aguja! Espere me doy otro pasecito de vareta. También hay que asear el tambor. A éste lo limpiamos huequito por huequito con el cepillito de acero y el mismo líquido. Bueno, ya. Se le pasa un trapo seco y ya. Para lubricarlo pásame el tarrito ese de aceite; échale un poquito al trapito este para ponerlo en la varillita; se le mete por el cañón. Mijo, por los huequitos del tambor a mí no me gusta echarle aceite porque puede humedecer la pólvora en las balas y dañarlas; tampoco le echo al mecanismo interno porque el aceite llama mucho el polvo y, con el tiempo, los fierros dejan de funcionar bien porque están muy sucios por dentro. Pero, vale mía, usted verá si le echa o no. Ah, bueno, es mejor no echarle. Luego se le echa una gótica en la uña, otra sobre el eje y listo, parcero: apenas resta armarlo.
Ya solo es mirar bien la tapa del mecanismo. Vea: esta curvita que tiene aquí va pa arriba. Se le da un golpecito y ella enchaza ahí. Se le ponen los tornillos, y listo, parcero. Para meterle el eje al tambor, tiene que colocar los resortes en la misma posición que estaban. Recuerde que se lo dije ahora rato: se enrosca el tambor y se mete en la base; se pone el tornillo y ya queda el tambor puesto. Compruebe que gire bien cuando ya esté montao en la base. ¿Sí vio? Así tiene que quedar. A la cacha se le aprietan los tornillos y listo. Espere y le paso un trapo seco para que brille más. Véalo: ¡quedó fue como nuevo el fierrito! Ahora se le meten las balas. Hay que cargar otras en el bolsillo. Uno nunca sabe qué peo se puede formar.
Hay que conservarla en un lugar seco. Una mesita de noche, o hasta bajo la almohada. Tienes que tenerla cerquita siempre. Ella es tu vida, papito.
Bueno, me alegra que le haya gustao la leccioncita. Le voy a cobrar barato porque usted me cayó bien. Deme 10 mil barras, ja, ja, ja. Mentiras, parcero, todo bien.


“TRADUCCIÓN” del regaño dado por una vecina a Dolores Castaño.

¡No, Dolores! Deja ya de andar moqueando por ese pelado. Tú muy bien sabías que él estaba en cuentos raros y no habías hecho nada. Así que tú tienes parte de la culpa de que hoy Weimar ya esté donde está. Sí, y no me mires así porque sabes que es verdad. Los vecinos te advertíamos que tenías que cuidarlo, pero tú lo que hacías era enojarte y terminabas diciendo hasta del mal que nos íbamos a morir. Aquí están las consecuencias de alcahuetearle todo al pelado sinvergüenza ese. Toda la culpa es tuya. Si desde chiquito no lo disciplinaste como debías y mira ahora el resultado; mira cómo terminó todo: el pelado en un cajón, y tú y tu familia desbastados y con el futuro bien embolatado. Estás haciendo el ridículo diciendo esas mentiras de tu hijo como si todos los presentes no supiéramos la joyita que era. ¿O es que en realidad tú crees que ese pelado era un santo? ¡Qué va! Si yo me acuerdo perfectamente cuando empezaste a llevarlo al colegio de Patri. ¿Sí te acuerdas de la pobre seño Patri? Hombe, pobre mujer. Lo primero que le hizo fue coger y llevar pal colegito de la Patri un paquete de velas, que para la virgen, y tú se lo creíste. Cogió las velas esas para prender todo el arreglo de flores y adornos de Icopor que tenía la virgencita. Casi le prende la casita a la seño. Y cuando la Patri te lo llevó a tu casa y te puso las quejas, tú lo que hiciste fue insultar a la pobre. Y el muy sinvergüenza se reía de la profe detrás de tus faldas. Si acaso tenía cinco años cuando empezó a traerte a la casa los colores, lápices y borradores de los otros peladitos del colegio. ¿Y qué me dijiste cuando te llamé la atención?: que eso eran cosas de pelados chiquitos, que Weimar no sabía ni qué era lo bueno, ni qué era lo malo. Recuerda que ya de chiquito su diversión favorita era pegarle a los otros niños. No se te puede haber olvidado que ninguna de las vecinas quería que sus hijos se acercaran a él, tanto porque los golpeaba como por la boca sucia esa que tenía. ¡Madre mía! ¡Si acaso tendría siete años cuando decía unas vulgaridades más grandes que él! Y me contaba mi hija Susana que en el colegio era lo mismo. Si recuerdo que la primera escuela que lo echó fue por andar levantándoles las faldas a las compañeritas. Tendría algunos ocho años cuando las cosas que uno dejaba por ahí a la vista, apenas él llegaba, de inmediato se desaparecían. Era una verdadera pelusa. ¿No te acuerdas de aquel día que yo vine furiosa porque en un descuido se me perdieron veinte mil pesos que acababa de poner en la mesa? Mientras veía qué me faltaba en la cocina, cuando regresé, ni el polvo de la plata ni te tu hijo; y el único que estaba en mi casa ese día era el Weimar. Apenas me di cuenta, vine corriendito acá a tu casa a ponerte las querellas; pero, ¡claro!, tú en vez de regañarlo y pegarle una paliza, lo que hiciste fue vaciarme a mí diciéndome una cantidad de barbaridades, hasta terminaste enemistándote conmigo aquel día. Y, como si fuera poco, después tú misma te enteraste de que lo habían visto jugando las tales maquinita varias horas seguidas, y ni aun así le dijiste nada. En aquel momento era que debías corregirlo, tal vez aquella criatura de Dios no sabía que robar era malo. Por eso debiste enseñarle para que él entendiera, porque el árbol se endereza es viche; después de que ya tiene el tallo maduro no se puede hacer nada. ¿A quién se le va a olvidar la vez que organizamos el paseo para Coveñas? Ese pelado, con escasos diez años, fue el que se robó los mecatos de todos los que fuimos. Ni dolor de barriga le dio al condenado. Bueno, yo me imagino que no se los comió todos sino que los vendió mal vendidos en algún ventorro. ¿Que cómo supe que fue él el que se los robó? Tú siempre justificándolo. Yo sé por qué te lo digo, pero no te lo cuento. Y nosotros pensando que la gente rara que estaba cerca de la cabaña eran los que se los habían robado. Ya en esa época había cogió esas malas mañas. Y con et tiempo lo echaron de todos los colegios porque no llevaba tareas, contestaba mal a los superiores, le robaba a sus compañero, los agredía; inclusive recuerda la vez que le pegó al profe ese que era apellido Rivera, y usted, ni corta ni perezosa, dijo que era culpa del profesor y no reprendió al Weimar. Lo peor fue cuando se sintió hombrecito. De por ahí de unos doce o trece años ya andaba metido en pandillas, y hasta se decía que había apuñalado a otro pelado. Todo el mundo se dio cuenta de que traía a la casa cosas que se robaba, y los hermanos las salían a lucir por las calles. La gente pasaba hablando de ustedes, pues dicen que hasta había herido a varias personas para robarle las pertenencias. Pero tú decías que la gente era una habladora, y que se la pasaban pendientes de la vida ajena, que no podían ver a alguien progresar porque empezaban a decir que estaban haciendo cosas malas. Yo también me acuerdo cuando el Weimar tenía catorce años, ya un hombrecito. Eso era más altanero y grosero. Se le dio por coger y andar con otro champeta en una moto, y montársela a todas las muchachitas que iban pal colegio. Y una de esas muchachitas era mi Elvirita, a quien a tu hijo no le bastó con hacerle eso de la falda: se las tiró de enamorado. Eso sí le dañó la vida a mi hija. Esa pelada se mantenía encerrada en la casa porque el Weimar la perseguía por todos lados, y se la montaba por cualquier cosa. Tú y yo peleamos esa vez porque yo no iba a permitir que mi pelada anduviera con la piltrafa de tu hijo. Y tú te ofendiste tanto que me llamaste a pelear en la calle. ¿Y de dónde crees que el Weimar sacaba sus ideas? ¡Claro, de ti no era sino de los combitos de pelusitas con los que siempre se juntaba! Sus amigos siempre fueron unos verdaderos gamines. Y los de ahora ya grande pasaban con unas pintas todas raras, siempre en gallada, armados y en motos. Todos en el barrio les teníamos miedo. ¡Incluso hoy no nos parece nada de raro que salgan haciendo alguna vulgaridad en pleno velorio! Por ahí escuché que los han denunciado por atracos, riñas y violaciones, y dicen que dizque han herido a varias personas. Jumm, hasta hablan de muertos. Sí, a mí no me vengas con justificaciones, que porque el papá se fue, que porque los profesores no le tuvieron paciencia, que los malos eran sus amigos; porque tu precioso hijo era, no lo dudes, uno de esos malandros. Si decía a boca llena que lo que estaba “mal parqueado”, era suyo. ¿De dónde sacarán tanta maldad estos pelados de ahora? ¿Será tanta televisión? ¡Quién sabe! Quién te ve ahora como estás, con los mocos afuera, la cara curtida y toda despeinada. Pero recuerda cuando la policía lo correteó por todo el barrio. Tú lo escondiste en la casa para que no se lo llevaran a la cárcel y hasta comida les brindaste a los policías para que te lo dejaran quieto. Tú tenías era que dejar que se lo llevaran, ya que no eras capaz de corregirlo. Tal vez encerrado podía haber cambiado algo. Hubiera sido hijo mío y le daba sus buenos golpes, y lo dejaba caminando derechito. No, Dolores, no me abras los ojos que no te voy a echar gotas. Más bien deja de lagrimear ahí. Pareces pendeja. Ya se murió. ¡No puedes hacer ya nada por él! Pero, mi hija, ahora es cuando tienes que amarrarte las faldas bien amarradas. Tienes la obligación de cuidar de los otros hijos que te quedan. Date cuenta de que tu niña ya tiene quince años. ¿Quieres que siga por ahí regalándose a cualquier tipo por unos pesos? ¿Que lo estoy inventado? No, mi hija, no sigas intentando tapar el sol con las manos, pues todo el mundo la ha visto. No es nada sino que la preñen, porque ahí sí te arreglaste, criando hijos quién sabe de quién. Después no vayas a quejarte donde mí. Aunque, bueno, para eso están las amigas así como yo, firmes; no como esta gente que hablan tan mal a tus espaldas del Weimar. ¡Tan hipócritas! Míralos aquí, tan campantes. No como yo que sí te digo tus verdades en la cara. Por otro lado, qué decir de tu hijo menor. ¿Quieres que siga los pasos de la belleza de su hermano mayor? ¡Tienes que ponerte las pilas y dejar de chillar que ya nos tienes fastidiados con tanta lloradera, maldición y embuste que dices ahí! ¿O es que a ti te gusta que detesten a tus hijos? Párale bolas, Dolores, párale bolas; la vida no se acaba con el Weimar.


SOLUCIÓN AL CRUCIGRAMA



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