Comentario de texto literario

Pido excusas porque no sé de dónde saqué este texto ni de quién es. Quien lo sepa por favor me lo hace saber para darle los respectivos créditos a su autor. Lo considero muy útil.


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INTRODUCCIÓN

Comentario de texto literario, valoración de un texto para comprobar, por medio de diversas técnicas, su carácter literario.
Comentar un texto no es glosar su contenido. Sólo si se abarca su totalidad, y cada una de sus ideas se relaciona con las demás, el texto tiene sentido, y se percibe la función de todas las palabras. El lector espera reconocer en el texto unos rasgos que responden al género en que se inscribe. Los límites del texto, que marcan estrofas y rasgos de los diferentes géneros, encuadran su diseño interior. Para que el texto alcance todo su sentido, hay que conocer los instrumentos manejados por el escritor, las figuras retóricas, las referencias culturales. Sólo así se puede vincular la obra al contexto literario.
El lector recibe del autor un mensaje, cuyo fin es este mensaje como forma; percibe en sus interrelaciones, la actitud, el tema, la estructura y el mensaje del texto, y concibe su esencia simbólica, su función histórica y su valor poético.


2

PROCEDIMIENTOS DE ANÁLISIS

Cada texto exige una técnica de análisis que ponga de relieve sus rasgos más significativos, por lo que es necesario, en primer lugar, situar el texto en su marco histórico-literario. El modo de actuar varía según se trate de una obra completa, de un texto completo o de un fragmento, e igualmente si se conoce el nombre del autor, el título y la fecha de la obra. Si se sabe el nombre del autor, se utilizan los medios de consulta necesarios para situar la obra en la etapa del autor a la que ésta pertenezca. Si todos los datos aparecen en el texto, no hay mayor problema que la consulta en un manual de Literatura con el fin de obtener una mayor información sobre el autor, obra, fecha, periodo, características generales de la época y movimiento al que pertenece el texto, relación con otros movimientos artísticos y culturales del momento, características del autor, característica de la obra o fragmento, objeto del análisis.


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CARACTERÍSTICAS LITERARIAS

Para analizar las características literarias de un texto hay que determinar:
Género literario y forma de expresión: Identificación del género y subgéneros, señalando su originalidad y características del autor; la forma de expresión (narración, diálogo, descripción...) y, por último, si se trata de un texto en prosa o verso con sus características.
Análisis del contenido (relación del autor con la obra): Actitud ante la realidad (externa/interna); postura del autor (objetiva/subjetiva, irónica, crítica...); punto de vista (estilo directo/indirecto, utilización de primera, segunda o tercera persona) e implicación del autor en el texto.
Argumento y tono: Tipo de argumento y esquema argumental. Hay que observar las características (descriptivo, narrativo, digresivo) y el tono (optimista, pesimista...).
Estructura del contenido: Estructura del texto (núcleos y subnúcleos estructurales, sus relaciones y características) y modelos estructurales (analizante, sintetizante, paralela, atributiva...).
Tema e idea central. Precisar el tema: Características y cualidades.

3.1

Análisis de la forma

Es el momento culminante del análisis, cuando afloran los niveles literarios utilizados por el autor; para eso hay que analizar todos los recursos del lenguaje literario y su función poética.
En el análisis formal, se debe analizar los diferentes planos: Plano fonético-fónico, peculiaridades: figuras retóricas basadas en el sonido (onomatopeyas, aliteración, paronomasia, asonancia, aféresis).
Acento y entonación. Ritmo de la prosa (ritmo lingüístico, de pensamiento, de intensidad, cuantitativo, silábico, tonal...). Análisis métrico del texto en verso (véase Versificación). Medida (cómputo silábico). El acento: tipo de versos (octosílabo, endecasílabo...). Rima (total o parcial). Tipos de estrofas (cuarteto, serventesio, quinteto, octava real, soneto...). Poema (romance, silva, letrilla...).
Planos morfológico y sintáctico. Interpretación de las diferentes posibilidades expresivas que ofrece el texto en relación con el contenido. Análisis de las categorías gramaticales y sus conexiones. Comentario de texto lingüístico. Análisis y estructura del texto (simetrías, paralelismo, diálogo, descripción). Figuras retóricas: por adición de palabras (paráfrasis, pleonasmo, sinonimia...); por omisión de palabras (elipsis, asíndeton); por repetición de palabras (anáfora, reduplicación, concatenación, polisíndeton); por analogía (derivación, dilogía, calambur, hipérbaton).
Plano semántico, determinar las peculiaridades del texto que se comenta, relacionándolo con el contenido; características del léxico, elementos emotivos y afectivos. El significado de las palabras en el texto. La connotación, como característica del lenguaje literario (polisemia, antonimia, homonimia...). Los cambios semánticos: tropos (sinécdoque, metonimia, metáfora, alegoría, símbolo...). Figuras retóricas (prosografía, retrato, enumeración, hipérbole, prosopopeya, apóstrofe, paradoja...) y, finalmente, valoración del texto, reconocer el sentido histórico-social y apreciar el valor poético del texto como realización de un artista en un género.

NAUDÍN GRACIÁN PETRO, UN NOVELISTA QUE JUEGA CON SUS PERSONAJES Y LECTORES

Por Inaldo Antonio Chávez

Inaldo Chávez

Como si de confundir la vida con la ficción se otorgaran licencias, habría alguien que se ganaría el derecho a mezclarlas con altura y responsabilidad. Ese entretejer cosas que nunca podríamos ubicar de un lado y otro. Ese dilema del “no sé dónde” y tampoco “ni sé que es”. Ese dilema de tiempo, modo y lugar que se convierte en la arcilla primigenia de la que se fabrican las cosas que después le ponemos nombres.
De por sí, hay licencias que la vida otorga para jugar con las piezas entregadas, con el arsenal de destinos sobre los cuales se puede disponer de ellos como en un rompecabezas universal; con todos nosotros a merced de un caprichoso dios al que se le antojan variaciones diarias en su carácter juguetón y mísero.
En cierta forma, esas son las variaciones, los desatinos y aciertos y las licencias que los escritores asumen cuando se entregan a su pasión: la buena escritura para la posteridad o la mala escritura para su piedad. Ese es el riesgo que corremos quienes intentamos construir un mundo paralelo que borre los límites entre la realidad mísera, mezquina y bella al mismo tiempo; y la ficción mísera, mezquina y bella de nuestros antojos.
¿A quién creerle? ¿Cómo creerle a un escritor? ¿Por qué debemos confiar en sus argumentos de construcción literaria? ¿Cuándo decidimos que un personaje, una trama o un “thriller” nos atrapen conscientemente? ¿Por qué un grupo de personajes atrapados en una caverna platónica nos puede conmover hasta seguirlos en su lastimera agonía? ¿Por qué permitimos que el escritor juegue con nosotros y nos dejamos joder con sus “saltimbanquis” literarios y no saber en cierta forma quién fue el que definió el destino de unos personajes? ¿Fueron los personajes los que manipularon al escritor? ¿Esperaba el escritor que un personaje distinto resultara sano y salvo de sus atrocidades creativas? ¿Los personajes rebasaron a su creador y decidieron jugarle una mala pasada y al final lo defraudan? Es decir, ¿los fuertes y con carácter sólido perecen? ¿Los débiles, cínicos y patológicamente desadaptados sobreviven para gloria de las bajezas humanas? Solo de pequeñas bestias es dicho comportamiento.
Dice Kundera (2005)[1], que el escritor Hermann Broch cuando “quiere centrarse en un personaje, capta ante todo su actitud esencial, para luego acercarse, progresivamente, a sus rasgos más particulares. De lo abstracto pasa a lo concreto.”
Yo me encontré en “Pequeñas Bestias” con personajes con esas características, no vale la pena mencionarlos, porque los lectores son los que tienen la obligación de conocerlos a su manera y de odiarlos o quererlos según su real y puerca gana. Lo que si les puedo advertir, es que asistirán a una encerrona onda y lironda que el autor escritor nos tiende a lo largo de las 129 páginas de la Novela.
¿Por qué diablos si a los que él encierra en la caverna, gruta o cueva son a un grupo de turistas de no se sabe dónde, tenemos que acompañarlos con su agonía perpetua, que es nuestra propia agonía como lector, y seguirle el juego al narrador omnisciente que a veces raya en lo cómico y trágico de la vida misma?¿Por qué permitimos que unos personajes que aparentan ser tan comunes y corrientes como los creó el escritor, se vuelven en medio de las circunstancias, ensayistas complejos sobre la vida y la muerte? ¿Cómo dejamos que esos personajes anodinos, simples y sobrios jueguen con nosotros los lectores? ¿Por qué sentimos cierta complicidad y admiración por esa parte oscura (como la cueva) que la mayoría de esos personajes deja salir como una inútil flama que no alumbrará sus caminos durante el recorrido hacia la nada? ¿Qué licencia tenía el escritor para matar a los buenos y dejar que sobrevivan los malos, los perversos y cínicos que sembrarán de felicidad a la tierra? ¿Con qué derecho tuerce juguetonamente con nuestra aberración por los finales felices?
Vale la pena entonces, regresar a Kundera (2005)[2] y caparle una anécdota sobre el célebre compositor ruso Igor Stravinski:
“Stravinski rompió para siempre su larga amistad con el director de Orquesta Ansermet porque éste quería recortar su ballet Juego de Cartas. Más tarde, el propio Stravinski vuelve sobre su Sinfonía para instrumentos de viento e introduce varias correcciones. Al enterarse, Anserment se indigna; no le gustan las correcciones y cuestiona el derecho de Stravinski a cambiar lo que ha escrito.
Tanto en el primero como en el segundo caso, la respuesta de Stravinski  es pertinente: ¡no es asunto suyo, amigo! ¡No se porte usted en mi obra como en su alcoba! Porque lo que ha creado el autor no les pertenece ni a su padre ni a su madre ni a su nación ni a la humanidad, sólo le pertenece a él solito, puede publicarlo cuando quiera y, si quiere, puede cambiarlo, corregirlo, alargarlo, acortarlo, arrojarlo a la taza y tirar de la cadena sin tener la mínima obligación de dar explicaciones a nadie.”
Yo creo que eso era todo lo que tenía que decir, por ahora, de la novela “Pequeñas Bestias”[3] y del novelista, Naudín Gracián Petro. Ah, por cierto, así se llama el escritor al que me acabo de referir desde las primeras líneas de esta presentación. Pido disculpas por el olvido.


[1] KUNDERA, Milan. El Telón. Ensayo en siete partes. Tusquet, Barcelona, 2005. P. 109.     
[2] Obra citada. P. 122.
[3]  GRACIAN PETRO, Naudín. Pequeñas Bestias. Novela finalista del Concurso Nacional de Novela Manuel Zapata Olivella. Ediciones Dunken, Argentina 2011. Ediciones El Tunel, Montería, 2011.


Se realizó el Lanzamiento de "Pequeñas Bestias" en Sincelejo

En las instalaciones del café cultural El Portal de Sincelejo, Sucre, Colombia, se llevó a cabo el lanzamiento de la novela Pequeñas bestias. A partir de la 8:00 de la noche del viernes 15 de julio un numeroso grupo de escritores y amigos de las letras se reunieron para conocer esta novela del escritor colombiano Naudín Gracián.

Leyeron sendos textos sobre la novela los escritores Inaldo Chávez y Jorge del Río, además de unas palabras sobre el libro y el autor expresadas por el poeta y docente universitario Ricardo Vergara Chávez.

Este acto que se alargó hasta pasada la media noche, antes que lanzamiento, fue un motivo para compartir e intercambiar opiniones entre el autor y los reunidos allí, algunos de los cuales ya habían leído la novela u otras obras del escritor invitado.

El evento fue organizado por el colectivo Ars Omnia y por la revista Signo de Tierra.

Próximo lanzamiento de la novela "Pequeñas bestias" en Sincelejo

El viernes 15 de julio se presentará la novela Pequeñas bestias en Sincelejo, departamento de Sucre. El acto será organizado por el Colectivo Literario Ars Omnia y por la Revista Signo de Tierra. Se llevará a cabo en las instalaciones del café cultural El Portal, ubicado en la calle 21 con Av. Las Peñitas de esa ciudad a partir de la 7:00 de la noche.

La entrada es libre.

Informe de los lanzamientos en La Guajira

En Riohacha
Con gran afluencia de público se reallizaron los lanzamientos de la novela Pequeñas bestias en Riohacha y Maicao los días jueves 7 y viernes 8 de julio respectivamente.

En Maicao
Luego, el sábado 9, el escritor Naudín Gracián dirigió un taller a los miembros de RELATA-La Guajira en Riohacha, colectivo coordinado por el escritor Víctor Bravo Mendoza.

¿CÓMO SE CUENTA UN CUENTO?

Guía para el desarrollo de un taller en el aula


Por: Carlos Castillo Quintero*
 

PRESENTACIÓN

Ese arte viejo de contar cuentos

Carlos Castillo
Han pasado cerca de 20.000 años desde que el anónimo pintor de las cuevas de Altamira recreara historias de caza en aquellos muros. Ese hombre y su naciente grupo social quizá no solo tuvieron la necesidad de pintar aquellas escenas, sino también de contarlas en un ancestral, primitivo, y para siempre perdido lenguaje. Así el hombre se diferencia de los otros animales: por su capacidad de recrear su cotidianidad, de reinventarla. También por su necesidad de trascender.

Puede afirmarse, entonces, que el cuento es el género literario más antiguo de la humanidad y el de mayor difusión. ¿Quién no ha contado, o le han contado, alguna vez un cuento? ¿Quién no ha leído uno? Algunos también los han escrito.Pero ¿qué es un cuento? La palabra cuento viene de del latín computus que quiere decir llevar cuenta de un hecho. Así, el cuento conserva en su esencia un oculto sentido matemático que lo hace riguroso. Contar sería entonces la acción de llevar con palabras la cuenta precisa de un suceso. Un cuento literario, en consecuencia, sería la narración de un hecho usando con arte las palabras indispensables para contarlo.

En un buen cuento el lenguaje fluye y atrapa al lector, le permite reconocer situaciones e identificarse con los personajes que encarnan las acciones. El buen cuento retiene la atención del lector desde la primera línea, y sin desvíos, lo conduce hasta el final, dejándole después de la lectura la necesidad de volverlo a leer.

Por limitarse a narrar un hecho el cuento generalmente es un texto breve, de una a veinte páginas. Sin embargo, puede estar escrito en cincuenta o en cien, pero siempre privilegiando el uso de la palabra justa y necesaria. Siempre centrándose, substancialmente, en contar un solo acontecimiento. Se subraya la esencia matemática y precisa del cuento: en él toda palabra que no sea necesaria le resta fuerza y abre la posibilidad de que el lector abandone la lectura, liquidando así al escritor y menoscabando su oficio. Porque el cuentista al igual que Scheherazada, la fascinante narradora de Las mil y una noches, está sometido al persistente péndulo que se mece sobre su cuello: atrapar al lector. El lector es aquí el Sultán que en caso de no estar satisfecho con lo narrado, ejecuta al narrador, es decir, no lo lee más. No sin razón se dice que el cuento es quizá el género literario más difícil. Sin embargo, creemos que es factible aprender su técnica, he aquí el sentido de esta guía.El material que enseguida se presenta no pretende, ni mucho menos, abarcar todos los elementos que conformarían una teoría sobre el arte de escribir cuentos. Se busca con esta guía que el docente de literatura, el director de un taller literario, o el escritor de cuentos que apenas se inicia en el oficio, encuentren aquí los principios básicos del género, algunos ejercicios y, esencialmente, la experiencia compartida de otro escritor. Si bien estas notas pueden resultar de alguna utilidad, ninguna teoría sustituye a la práctica: el escritor se hace escribiendo, se forma leyendo, y aprende a resolver sus problemas repasando el camino de otros que como él se han enfrentado a los problemas que plantea el infinito y maravilloso universo de la creación narrativa.

1.      MATERIA NARRATIVA

El escritor que comienza en ocasiones no sabe por dónde comenzar. Es decir no sabe cuál es la materia narrativa o punto de partida de la historia que desea escribir. Un panadero, por ejemplo, conoce bien las materias primas para hacer pan y sólo requiere de la técnica para obtener un buen resultado. ¿Pero cuál es la materia narrativa que le permite al escritor concebir sus relatos?

Es necesario señalar que toda narración antes de ser escrita empieza en el mundo de las ideas. La palabra toma forma en la mente del escritor y de allí va al papel. Pero ¿cuál es el alimento de esa mente creativa? La respuesta a este interrogante se resume en tres instancias: la realidad, la fantasía y la imaginación.

1.1         La realidad

Realidad es la existencia efectiva de una cosa. No es absoluta en sí misma, sino que es subjetiva cuando es válida para una sola persona y objetiva cuando lo es para varias. El escritor, en la medida en que es una persona, vive en una realidad que es subjetiva y objetiva simultáneamente. Su realidad es lo que él cree que es, pero también lo que es válido para sus congéneres. He aquí un componente esencial de la materia narrativa: la realidad del escritor, lo que le pasa a él o se entera que le ha pasado a otros, o, lo que él cree que pasa.

1.2         La fantasía

Pero el escritor no está completamente sujeto a la realidad, sino que en ocasiones la idealiza y la transforma a través de la fantasía. El escritor, en la medida en que es un creador, permite que su pensamiento vuele libremente al territorio del fantasear, es decir a un mundo abstracto y sin rumbo definido en donde todo es posible. Pero ese fantasear encuentra su propósito cuando se arriba a la imaginación, es decir al fantasear con sentido.

1.3         La imaginación

La imaginación es la capacidad de crear imágenes a partir de la realidad o de la fantasía, o de una fusión de ellas. La imaginación está mediada por la razón y al contrario de la fantasía siempre tiene un rumbo. Un estratega, por ejemplo, imagina los posibles movimientos de su contendor y en ese imaginar considera informaciones y datos provenientes de la realidad, mezclados con escenarios posibles o imaginados a partir de los cuales espera un resultado: la victoria.

Así mismo el escritor asocia la realidad, la fantasía y la imaginación. Es esa su materia narrativa y el resultado victorioso que de allí se genera es su Literatura, es decir su Ficción que no es realidad, no es fantasía y no es imaginación, sino que es una mixtura de ellas.

Sin embargo para el escritor y para la factura de su obra no interesa qué es real, qué es fantástico o qué es imaginario. Al lector tampoco le importa. Lo único que interesa es que el relato que surja al combinar estas instancias de la materia narrativa sea verosímil, es decir creíble. Al lector no le interesa que los hechos que le son narrados sean reales, fantásticos o imaginarios, o que los personajes que encarnan las acciones lo sean. El lector lo único que busca es que le cuenten un cuento bien contado.

2.      FUENTES DE LA CREACIÓN NARRATIVA

La materia narrativa está dispersa en múltiples fuentes de las que puede beber el escritor. Se señalan enseguida algunas de las más importantes, en donde el novel cuentista puede realizar un trabajo de inmersión del que seguramente saldrá con las anécdotas, argumentos, tramas y personajes que luego irán a constituir el cuerpo de su obra.

2.1         Fuentes internas (del Autor)

2.1.1        Fuente autobiográfica: se dice que todo escritor, independientemente de lo fantástica que pueda ser su obra o de la poca relación que tenga con su propia biografía, en todas las ocasiones escribe sobre sí mismo. La propia vida de quien escribe es una fuente infinita de historias y personajes. El escritor pertenece a una familia, a un barrio o vereda, a un pueblo o a una ciudad, a un país, a un planeta... a una generación, a una especie, a un género... etc. Estos elementos biográficos son la fuente más inmediata y rica de donde surgen relatos maravillosos. No otra cosa es, por ejemplo, Cien años de soledad la inmortal novela del Nobel colombiano Gabriel García Márquez. 

TALLER 1.  Hacer un árbol genealógico en donde, partiendo del escritor, se señalen hacia arriba los nombres y los lugares de procedencia de por lo menos dos generaciones. Es decir los datos relacionados con los hermanos, los padres y los abuelos. Así mismo hacia abajo se deben consignar los datos de por lo menos una generación. Como seguramente el joven escritor aún no tiene hijos se relacionará la información correspondiente a los sobrinos. Hecho el árbol, se llama la atención sobre los cambios en los nombres, los movimientos geográficos de la familia y sus causas, así como la problemática social y política que seguramente dejará traslucir aquella estructura familiar. A partir de estos elementos se escribe uno o varios cuentos. 

2.1.2        Fuente testimonial: una de las condiciones fundamentales de un escritor es su curiosidad sin límites. El escritor, al igual que un gato, debe arriesgarlo todo para satisfacer su curiosidad que estará dedicada a capturar historias. Quien escribe no sólo bebe de las historias que le provee su propia vida, sino también de los testimonios de las vidas de otros. Expresado coloquialmente puede decirse que un escritor es “un chismoso por naturaleza”.

2.2         Fuentes externas (del Medio)

2.2.1        La tradición: en su sentido más amplio la tradición es todo lo heredado de las anteriores generaciones. Literariamente rica esta fuente para el escritor. Los mitos de creación y las leyendas pueden recogerse de los relatos orales de los mayores, y a partir de ellas, elaborar narraciones que de seguro serán muy interesantes. Claro ejemplo de lo anterior es el libro “Antiguos relatos vueltos a contar” de Lu Sin, escritor chino. La tradición incluye, entre otros aspectos, la religiosidad, las costumbres culinarias, el vestido, los rituales domésticos, las creencias, la medicina natural... y, en general, todo aquello que constituye la cultura de una comunidad.

TALLER 2.  Contactar a la persona de más edad en la familia o en el núcleo social del escritor y pedirle que le narre historias del pasado, y a partir de estos relatos escribir un cuento.

2.2.2        La historia: la historia la constituyen aquellos hechos que están documentados, de los que existen archivos. Está la gran Historia, es decir la que tiene que ver con acontecimientos como por ejemplo el Descubrimiento de América, La Conquista, La Colonia o la Campaña Libertadora. De esta fuente surge un subgénero narrativo que es la novela histórica, aun cuando también hay cuentos y relatos basados en esta fuente. Pero además están las pequeñas historias, las que se refieren a una persona o a un hecho familiar o local. Esas historias, cuando son representativas de situaciones universales, valen la pena como fuente primaria para un relato.

2.2.3        La metaficción: en el mundo contemporáneo existe una estrecha relación entre las artes. El cine se nutre de la literatura, ésta del cine, la pintura del video y la fotografía etc. La metaficción es la obra artística que se crea a partir de una ya existente. Así, el escritor puede beber de la fuente creativa de otras obras, desde luego respetando siempre los derechos de autor. Claro ejemplo de esto es la novela La guerra del fin del mundo del peruano Mario Vargas Llosa, la cual escribe como una versión contemporánea de un libro clásico, la novela Os Sertoes del brasileño Euclides Da Cunha.

TALLER 3.  Escoger una pintura clásica que ojalá represente a varios personajes, y a partir de ella escribir un relato que desarrolle lo que la pintura sugiere. El maestro puede preparar en diapositiva o acetato esta pintura, proyectarla en el aula y dejar que los estudiantes o talleristas dejen volar su imaginación con lo que ven. Luego se pide que escriban lo que será el primer borrador de un cuento.

3.      ESTRUCTURA BÁSICA DE UN CUENTO

Un cuento es una composición literaria breve,  pensada para ser leída de una sola vez, que se estructura básicamente mediante un esquema que se resume en: Introducción, Desarrollo y Desenlace. Los principios esenciales del arte de escribir cuentos, son:

3.1         Tema e Idea

El tema es de lo que trata el cuento. La capacidad para ubicar el tema para un cuento, es parte esencial del oficio del escritor. El tema debe ser universal para lo cual debe tratar sobre aspectos que toquen la esencia de la vida humana, puesto que humanos serán quienes vayan a leer ese cuento. Si bien el tema puede ser local o personal, debe tener un valor intrínseco que lo universalice. Los grandes temas de la Literatura han sido el amor, la muerte, el heroísmo, los celos, la traición, la venganza. García Márquez los resume en los dos primeros: el amor y la muerte.

Un tema puede ser tratado desde diferentes Ideas. Por ejemplo puede hablarse de la muerte narrando una hecatombe nuclear, o desde la relación de la enfermedad y muerte de una mascota. La idea escogida por el autor para tratar un tema tiene que ver con la intensión que persiga: denuncia social, romanticismo, drama... etc.

3.2         Anécdota base y Argumento

La habilidad del cuentista inicia al escoger el hecho o la anécdota base que pueda ser tema para un cuento. La anécdota en sí misma no sirve. Un hombre sale de su casa y se dirige al trabajo es, por ejemplo, una anécdota o un hecho base que no presenta muchas posibilidades. Si este hombre en ese breve y habitual trecho de su vida cotidiana perdiera la memoria, la anécdota base se convierte en un tema: la identidad.

La anécdota base se convierte entonces en Argumento y su desarrollo permite que tome forma el tema y la idea inicial. Escoger argumentos rebuscados o provenientes del fantasear sin imaginación, conduce a la escritura de cuentos que no le dicen nada al lector, que le son completamente ajenos, que son solamente ejercicios del lenguaje pero no “tocan” a quien los lee.

Si bien un cuento se debe centrar en narrar un hecho, en su desarrollo argumental es necesario que se construya una historia secreta con lo no-dicho, con lo que se alude, tal y como lo expone Ernest Hemingway en su teoría del iceberg: el cuentista excelente apenas deja ver la punta de la montaña que subyace en lo más recóndito del cuento que narra. Casa tomada, el cuento de Julio Cortázar, es un buen ejemplo de esta teoría.

3.3         La Trama

Trama, en el sentido de urdimbre, es en un cuento el cruce de hechos y personajes en una línea de tiempo. Un personaje encarna una acción y la realiza en un tiempo y un espacio determinados. Con esto y con el accionar de los demás personajes se teje la trama. El cuentista debe desarrollar la trama de su cuento de manera natural, proporcionando al lector la información necesaria para comprender la historia que se le está contando.
Una forma clásica de la trama es: un personaje quiere algo (se crea una necesidad), lo persigue a pesar de los posibles obstáculos (se genera tensión) y al final consigue su propósito o fracasa (se da un desenlace).

3.4         Los Personajes

Los personajes son quienes encarnan la acción. Pueden ser personas, animales, cosas e incluso ideas o abstracciones. En Pinocho, la novela de Carlo Collodi, el personaje es un muñeco de madera; en La metamorfosis, de Franz Kafka, es un hombre convertido en insecto; en Pedro Páramo, de Juan Rulfo, los personajes son voces de gente muerta; o en Carta a una señorita en París, el cuento de Julio Cortázar, el personaje es un hombre que vomita conejitos.

Se aconseja al cuentista que comienza que se ejercite en el arte de convertir personas reales en personajes. Es mejor caracterizar un personaje que se está viendo en la realidad, que se conoce, que uno imaginario.

Construidos los personajes, el cuentista habrá de convertirse en señor de sus criaturas. Habrá de gobernarlas y conducirlas a que hagan lo que él espera que hagan, ya que el cuento no permite disgresiones. En la medida en que la voluntad del cuentista predomine sobre sus personajes la historia que narra tomará ritmo, tensión e intensidad.

3.5         El Narrador

El narrador es quien cuenta el cuento. No debe confundirse con el autor que es la persona real que crea la historia. El narrador es un ente de la ficción que se encarga de contar la historia. Este aspecto es quizá el más importante para un cuentista. Elegir el narrador correcto puede salvar un tema, una idea, un argumento o una trama poco interesantes, y viceversa: elegir al narrador inadecuado “mata” la mejor historia que haya concebido un autor.

3.5.1.      Persona gramatical: un cuento puede ser narrado en tercera persona, en cuyo caso se habla de un narrador omnisciente (Ej. El niño se baña en la piscina). En segunda persona (Ej. Te bañas en la piscina). O en primera persona (Ej. Me baño en la piscina). El narrador en primera persona es simultáneamente personaje, no así los contados en segunda y tercera persona gramatical.

3.5.2.      El Ancla: se llama ancla al momento escogido para contar los hechos. Un mismo acontecimiento, aun cuando lo refiera el mismo narrador, tendrá matices diferentes si es narrado cuando sucede, antes de suceder, o tiempo después de sucedido. Según en donde se ponga el ancla el cuento será uno u otro.

3.5.3.      El Punto de vista: se refiere a la perspectiva desde donde habla el narrador. De allí se desprende la posición ideológica, religiosa, social, política... etc., del autor.

TALLER 4.  Narrar una historia en las tres personas gramaticales, posteriormente compararlas y decidir cuál de ellas se acomoda mejor a lo que desea el autor.

3.6.      El Cronotopo (Tiempo y Espacio narrativo)

De preferencia el tiempo en el cuento debe ser corto y concentrado, ya que corresponde al hecho narrado y debe limitarse a seguir las principales líneas de la acción.

El tiempo también relaciona la época en la cual suceden los hechos. ¿Es el tiempo presente? ¿El futuro? ¿El pasado? Así mismo hace referencia al tiempo atmosférico: ¿Es de día, de noche, llueve, hace sol...?

El espacio narrativo es el lugar en donde se desarrollan las acciones. ¿Es un espacio rural o urbano? ¿Es un espacio abierto, un parque por ejemplo? ¿O es un espacio cerrado, el cuarto de un hotel por ejemplo? ¿Los hechos están sucediendo en el fondo del mar, en la Luna, en el Infierno, en el Cielo...?

TALLER 5. Tomar un cuento clásico (Caperucita roja, La bella durmiente...etc) y reescribirlo cambiándole el tiempo y/o el espacio narrativo. ¿Cómo sería el cuento de Caperucita en el Siglo XXI? ¿Qué pasa si la Bella Durmiente se despierta en el año 3000 en el planeta Marte?

3.7.      La Atmósfera (Tono y Ritmo)

Edgar Allan Poe, uno de los padres del cuento clásico, debe mucho de su arte genial a su capacidad para crear atmósferas. La atmósfera del cuento es lo que lleva al lector a sentir miedo, tensión, hilaridad o desagrado, entre otras múltiples sensaciones que dependen de las intenciones del autor.

El narrador es quien le da el tono al cuento. Si se expresa irónicamente no será lo mismo que si lo hace con bondad, o viceversa. El narrador a través del tono que utiliza transmite al lector una u otra sensación y caracterizará en forma diferente a los personajes. Así, puede decirse que el tono es, en resumen, la actitud emocional que el narrador mantiene hacia el argumento y hacia los protagonistas, modificando la historia según lo que pretenda el autor.

El ritmo tiene que ver con la forma en que el autor plantea el desarrollo de las acciones.  El cuento debe comenzar interesando al lector. En un buen cuento la primera frase determina el ritmo y la tensión de toda la narración. El ritmo permite que el lector vaya de principio al final del texto sin perder interés. Horacio Quiroga, cuentista genial, decía que un cuento debe ser como una flecha disparada hacia un blanco. Cortázar lo definió como el golpe definitivo y fulminante que un boxeador da a su contrincante. Estas definiciones se fundamentan, entre otras cosas, en el ritmo e intensidad que debe tener un cuento.

3.8.      El Estilo

Un artista, en general, lo es porque ha logrado un estilo que permite que lo diferencien de los demás. Así mismo un escritor. El realismo mágico de García Márquez, por ejemplo, es reconocible aun cuando no lo escriba él.

Estilo es el modo particular de hacer algo, para el caso, el modo de escribir que caracteriza a un autor, su sello personal, su marca. Ese debe ser el objetivo del cuentista que comienza: alejarse de las imitaciones y del plagio, y buscar su propia voz, aquella que lo distinga y lo legitime entre la multitud de sus pares.

BIBLIOGRAFÍA

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·         BURGUERA, María Luisa. Textos clásicos de la teoría de la Literatura. Editorial Cátedra. Madrid, 2004.
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·         MAYORAL, Marina (comp.). El oficio de narrar. Ediciones Cátedra. Bogotá, 1989.
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·         RAMÍREZ, Sergio. Mentiras verdaderas. Editorial Alfaguara. México. 2001.
·         RODARI, Gianni. Gramática de la fantasía – Introducción al arte de inventar historias,  Imprimeixs. Ltda. Bogotá D.C., 1982.
·         ZAVALA, Lauro. La minificción bajo el microscopio. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá, 2005.


* Carlos Castillo Quintero: Narrador y poeta. Ha publicado los libros de cuento Los inmortales y Carroñera y otras ficciones perversas; la antología de El placer de la brevedad, Seis escritores de minificción y un Dinosaurio sentado; y cuatro libros de poemas. Actualmente es el director del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá, adscrito a la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa – RENATA  del Ministerio del Cultura.

Bienvenida a un aguacero

Por Naudín Gracián

Hablando con franqueza, los escritores e intelectuales en general del departamento de Córdoba compartimos en gran medida la tesis de que José Luis Garcés González le debe algo a la novela. No ha dado José Luis con el blanco exacto en esa clase de obras narrativas pues, aunque todas sus novelas tienen la contundencia rotunda de su prosa madura y firme, el resultado global como obra estética deja la sensación de que, como dicen los viejos, falta el centavo para el peso. Sin embargo, siempre nos deja con la fe intacta en que lo va a alcanzar, que va a encontrar la novela que merece su maestría.

En cuanto a su trabajo intelectual, ya son incuestionables sus aportes no sólo al saber del departamento sino de toda la costa norte colombiana e incluso del país, con investigaciones premiadas y celebradas en la nuestra y en otras naciones. Con respecto a su trabajo de gestión y de organización de eventos culturales, hace varios años que José Luis es el punto de referencia, el norte que sigue la brújula intelectual del país con respecto a Córdoba. Nada de estas cosas que se digan de este escritor plantea nada nuevo ni poco ventilado. Sin embargo, lo que quiero decir en esta oportunidad es algo que ya se sabe pero que se dice como con temor, como quien dice “a mí sí me parece, pero no sé si estoy equivocado”. Pues yo lo quiero decir con toda la seguridad: José Luis Garcés González es uno de los mejores cuentistas no sólo de Colombia, sino de América. En cada uno de sus libros de este género (Oscuras cronologías, Balada del amor final, Zahusta, Fernández y las ferocidades del vino…) encontramos cuentos magistrales, impactantes, que se constituyen en guantazos contundentes, según el decir de Cortázar; de manera que uno se pregunta por qué esos cuentos no aparecen en antologías latinoamericanas, cuando son mejores que algunos de los que aparecen en ellas. Recuerda uno títulos como El retorno triste de la memoria, Días negros como viejos hierros, Balada del amor final, También el amor se pudre, La última visita a papá, La noche alta y el titilar de las estrellas, entre otros, y concluye que este José Luis es un señor escritor de cuentos, en todo el peso de la palabra.

José Luis Garcés González
Para alguien que tiene este punto de vista (y quien piense lo contrario deberá agarrarse firme sobre conocimientos cruciales de la literatura para imponer sus argumentos, a menos que sea movido sólo por envidia de la mala) la lectura de su nuevo libro, Aguacero contra los árboles, es la feliz confirmación de que no está equivocado. En este volumen, ganador del segundo concurso nacional de cuento de la Universidad Industrial de Santander, José Luis con su lenguaje rudo, económico y preciso, demuestra una vez más que en cuestiones cuentísticas sabe llevar las riendas. Encontramos en este libro pasajes que pueden ser susceptibles de discusión, pero textos como Angelita Berilio, Belisa, El celador, Amor recíproco y Las cosas que piensa la vida, son cuentos que sólo pueden ser cuajados por la mano de un maestro. En ellos el diálogo exacto, la descripción limpia, los apuntes y reflexiones precisos, la seriedad de la prosa y la estructura pertinente para que el resultado sea una obra estética que haga reflexionar sobre lo que somos, nos alegran de saber que contamos en el departamento de Córdoba con este narrador de respeto en cualquier parte. Saludamos, pues, con orgullo y mucho beneplácito, este Aguacero contra los árboles, el único que, dadas las características de los últimos inviernos, quisiéramos que hubiera la forma de que arropara a todo el país.

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