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Cómo hacer novelas

Dejo claro que este texto NO ES MÍO, y no recuerdo de dónde lo saqué ni su autor pues hace tiempo lo tengo en mi ordenador. Sin embargo lo considero muy pertinente para los visitantes de este blog, sean escritores o sólo curiosos.



Preparando el terreno
Algunos autores trabajan sin detenerse siete días a la semana cuando están en medio del proceso de escribir. Si sólo escribes cuando estás inspirado, nunca acabarás. Hay que escribir incluso cuando es la última cosa que quisieras hacer. Simplemente escribe. Luego ya corregirás o incluso lo tirarás a la papelera. Es muy posible que escribas unas 500 o 550 páginas en el primer borrador, para luego acabar el manuscrito con unas 400 bien corregidas. Sudar estas páginas para luego perderlas duele, pero no tanto como que rechacen tu manuscrito. Cuanto más escribas, más reconocerás los beneficios de esta técnica.
 

Objetivos y organización
La mejor manera de mantenerte ocupado es planificar con tiempo. Imprime un calendario de los próximos 12 meses. Tacha los días que sepas que estarás ocupado (vacaciones, cumpleaños de amigos y familiares, otros trabajos). Luego divide el año en proyectos. Crea objetivos semanales. También puedes marcarte tiempo en el calendario para la documentación, las llamadas telefónicas y cualquier otra técnica que uses para conseguir la información necesaria para tu obra. Ponlo al día cada semana.
Intenta tener un objetivo diario. Un número de páginas, o de palabras, o incluso un número de horas valen. Oblígate a escribir aunque no tengas ganas de hacerlo. Verás como cada vez irás asociando más el tiempo para escribir y te sentirás con más ánimos para hacerlo.
Una manera de asegurarte que cumples los objetivos es escribirlos en el calendario que tendrás colgado delante de tu mesa de trabajo. En cuanto los hayas cumplido, puedes borrarlos o tacharlos. Esto te dará la sensación de ir consiguiendo logros y te animará a continuar el día siguiente.
 
Personajes y escenarios
Según bastantes escritores, empezar a trabajar cuando ya tienes los personajes perfectamente definidos, ayuda mucho. Si no haces antes tus deberes, saboteas tu propio trabajo. La falta de preparación suele ser evidente para los lectores.
Debes conocer tus personajes, su pasado. Crea una ficha de personaje, con toda la información que consideres relevante. Cada vez que escribas el nombre de un personaje, es aconsejable que crees su ficha correspondiente, al menos con el nombre y las características más esenciales. Si luego deviene en alguien más importante, ya la completarás. No tendrás que volver atrás a comprobar el nombre del personaje que salía 100 páginas antes puesto que tendrás su ficha justo a tu alcance. 

Tan importantes como los personajes, son los escenarios donde transcurre la acción. Si no los conoces, tu lector tampoco lo hará. Consulta mapas, atlas y cualquier otro elemento que creas necesario. Los mapas son útiles para consultas distancias y hacer que el tiempo que necesitas para moverte de un escenario a otro sea verosímil. Los atlas suelen contener información interesante sobre los lugares de los que hablan, y pueden llegar a ser puntos importantes de tu historia. 
Hazte esquemas de los sitios importantes, como la casa donde vive tu personaje principal o la tienda de su amiga donde pasa todas las tardes. Si tu personaje siempre va a la derecha para ir al baño y más adelante, pon el capítulo 20, gira a la izquierda, un avispado lector se dará cuenta.
 
Esquemas
Los esquemas son importantes para mantener los sub argumentos subordinados a la trama principal. Evitarás irte por la tangente si sabes en qué puntos de tu historia hay que desarrollar el sub argumento (y cuándo y cómo volverá a aparecer para incidir en el argumento principal). Si creas tu esquema antes de empezar a escribir tu manuscrito, no solo evitarás pérdidas de tiempo innecesarias sino que además te ayudará a mantener tu historia bien construida.
Recuerda que los esquemas son un proceso vivo, como la escritura. La primera frase que escribes en lo alto de la página en blanco es la idea para la novela. Después puedes desarrollar una línea de tiempo donde colocarás a tus personajes y sus acciones. Cuando creas que tu esquema es el adecuado, ya puedes empezar a escribir. Mientras escribes, puedes observar ciertos cambios en el esquema, para ajustarlo aún más.
Cuando te sientes a escribir, pon al día tu esquema. Escoge un principio y un final para tu capítulo. Después pregúntate ¿cómo voy de uno a otro? ¿Cuál es el propósito de este capítulo? También observa el capítulo dentro del esquema general de la historia. ¿Dónde se encuadra? ¿Es el momento adecuado para que esto suceda? Si no tienes un punto final decidido, tu capítulo tenderá a desdibujarse.
 



Historia y técnica
Ten en cuenta, claro, que mientras que la gran mayoría de novelas siguen este esquema básico, hay algunas que no. Las novelas de género (fantasía, ciencia ficción, thrillers y misterios) son las que más se adecuan a este tipo de esquema.
Encontramos cinco elementos importantes en la estructura narrativa de cualquier novela: un incidente inicial, una serie de complicaciones progresivas, una crisis, un clímax y la resolución. Estos son los cinco pasos a seguir para desarrollar cualquier historia.
El incidente inicial es el anzuelo. Es un acontecimiento dinámico y debe ser visto como tal por el lector. Debe, a la vez, cambiar el equilibrio de fuerzas; y el resto de la novela debe ser el intento por parte del protagonista de devolver las cosas a su cauce. Por ejemplo, puedes retorcer la idea en el protagonista de que lo que esperaba fuera un día maravilloso, se convirtiera en la peor de sus pesadillas (por ejemplo puede ganar la lotería y que ello le arruine la vida o bien conseguir el trabajo soñado para descubrir que su jefe es un malvado manipulador).
La serie de complicaciones progresivas escalan en el conflicto y se conocen también como suspense. Aunque tenga que ver con la salvación del mundo por parte de un héroe o con la autosuperación de un personaje marginal, el suspense forma parte de casi cualquier historia. El suspense, en una novela de misterio, puede provenir del tic-tac de un reloj. En una novela de misterio en el clásico ¿Quién lo hizo? A veces tiene que ver en la forma en que el bueno consigue detener al malo. No importa el tipo de suspense, pero tiene que atrapar al lector.
Algunos escritores creen que el suspense es ofrecer una sorpresa casi al final de la novela. El problema que encuentro a este método es que el lector no sabe que la sorpresa se acerca, así que en realidad no hay suspense.
Incluso aunque tengas una sorpresa en la manga para tu final, debes escalar en el conflicto para mantener el nivel de suspense cada vez más alto hasta que el lector llegue a la sorpresa.
En el momento de crisis, el protagonista deberá decidir si quiere recuperar el equilibrio roto en el incidente inicial, durante la primera parte de la novela. En este momento no deberían ser obvios para el lector los pasos que tomará el protagonista para que continúe preguntándose qué sucederá. La crisis suele ser el momento más oscuro del protagonista.
Después viene el clímax. En el clímax el protagonista ya ha elegido y se ha restablecido el equilibrio o bien se ha conseguido un equilibrio nuevo. Asegúrate de que tu protagonista forma parte del clímax. La escena del clímax debe involucrar al protagonista y al antagonista llegando a una conclusión sobre el dilema iniciado al principio. 
Finalmente, envuelve tus argumentos y subargumentos para llegar a la resolución final. No dejes ningún hilo suelto. El lector se preocupará por todos los personajes y todos los acontecimientos. La resolución ofrece al lector una sensación de redondez subrayando lo que el lector ha ganado al final del libro.
 
Argumento
Algo tiene que suceder en tu novela. La mayoría de los escritores no pueden permitirse el lujo de escribir una historia de personajes que simplemente se limiten a estar, sin hacer nada. La acción, tome la dirección que tome, es lo que mueve la historia y arrastra a los personajes consigo. A veces los personajes actúan y a veces reaccionan y esto es lo que crea el argumento. Revisa nuestro anterior artículo: La lógica de las emociones.
Intenta tener una idea clara sobre cual será el clímax de tu historia antes de escribir la primera frase. Teóricamente, toda acción debe ir encaminada hacia él. El hecho de conocer el clímax de antemano te ayudará a dar la dirección adecuada a la historia y a mantenerse en la mente el argumento principal. También te impide que te vayas por la tangente y que desarrolles un subargumento en el clímax. Sin una idea clara del clímax puedes estar escribiendo el famoso libro que nunca se acaba.
La vida real está llena de coincidencias pero hay cierto debate sobre cuántas coincidencias se pueden añadir a una novela para que resulte verosímil. Hay quien afirma que no se puede usar ningún tipo de coincidencia en una novela, que todo debe tener un por qué. Soy de la misma opinión. Lo que subyace es la idea de evitar que el autor manipule demasiado la trama. Pero... al fin y al cabo, el autor es el creador del mundo y en realidad, toda novela es una manipulación. (Pero no se tiene que notar)
Mientras trabajes en la novela, mantén en mente la idea de la lógica interna. El argumento tiene que tener sentido por sí mismo.
 
Dónde empezar
En realidad hay dos principios en una novela. Las primeras palabras que un escritor pone negro sobre blanco y las primeras palabras que el lector ve en cuando abre la tapa del libro que acaba de comprar. Estos dos conjuntos de palabras, no tienen por qué ser los mismos. Algunos escritores se estancan intentando escribir ese principio perfecto pero como la gran mayoría tendemos o deberíamos tender a corregir y re-corregir, la mayoría de este tiempo se pierde. Comienza donde sea y luego, en cualquier momento, puedes volver tus pasos atrás y corregir el principio.
Cuando intentes determinar el inicio del libro, intenta mantener en tu mente el propósito de la obra. Tu primer capitulo debe llevar al lector hasta la puerta. La historia debe enganchar a los lectores y a la vez presentar el problema, el tema o introducir los personajes principales. Ese primer capítulo puede hacer ambas cosas, pero no sobrecargues al lector con demasiada información al principio. 

Otra herramienta interesante a tener en cuenta es un archivo con el pasado de tu historia. ¿Qué sucedió antes del instante en que empieza tu novela? Si bien no lo usarás directamente en tu obra es posible que uses pequeños fragmentos para rellenar agujeros que los lectores deban saber para entender qué está sucediendo.
 
El núcleo principal
Tus personajes son la clave principal puesto que son los que crean la historia. Debes conocer las motivaciones de tu personaje principal, por qué actúa de esa manera y qué es lo que desea. Otros elementos importantes pueden ser: vestuario, actitudes, gestos, educación, cultura, clase social, necesidades, sueños, miedos, creencias y valores.
Pero el escenario es tan importante como tus personajes. Ve a tu biblioteca, coge un libro al azar, abre la primera página y lee el primer párrafo. Podrás observar que en la gran mayoría de los casos, estas líneas iniciales tendrán que ver con el escenario y conllevaran implícita una emoción dirigida al lector. En muchas novelas, es el escenario principal lo que distingue una novela de otra. Si no es el escenario, son los personajes. El escenario puede ayudarte a responder la pregunta que todo editor te hará: ¿Qué es lo que distingue tu novela de otras ya publicadas?
El escenario implica conocer perfectamente el dónde y el cuándo de tu historia. Y hay mucha más miga en el dónde de lo que la gente cree a simple vista. Piensa en los sitios donde has vivido. ¿No era diferente la gente? ¿El clima? ¿La arquitectura? No te limites a describir cómo es el lugar. Necesitas mucho más para hacerlo salir vivo de la página.
El punto de vista es otro elemento crítico. En realidad es el problema principal al que se enfrentan numerosos escritores. Ten en cuenta que aunque tú eres el dios principal, el creador de tu mundo y conoces todos sus recovecos, el lector sólo verá lo que tú decidas que la cámara enfoque. Por este motivo, tu enfoque debe ser consistente a lo largo de la obra. No puedes andar cambiando de punto de vista sin ningún tipo de justificación. No hay un punto de vista erróneo. Todos ellos son válidos. Simplemente intenta no confundir al lector.
 




Final
Los personajes, los escenarios y el punto de vista deben construir el mundo y llevar al lector hacia el final deseado, la resolución del problema, o argumento que se ha introducido en el primer o segundo capítulo. Debes asimismo concluir todos los sub-argumentos al final, lo que a veces puede resultar algo complicado.
Cuando llega el final de tu historia, llega. Precisamente porque has escrito todas esas páginas anteriores, has perdido algún tipo de control sobre el final. El final debería ser la conclusión natural a la historia.
Tal como se ha comentado anteriormente, ayuda bastante si tienes en mente cual es el clímax de tu libro antes de empezar a escribir puesto que es hacia donde se dirige la historia, aunque algunos autores se niegan a hacerlo. Debes encontrar tu camino.
 
La corrección
La corrección se basa en equilibrar los dos lados del cerebro. El lado derecho del cerebro se considera más creativo mientras que el izquierdo se considera más lógico. Mucha gente considera que la corrección es cuestión del lado izquierdo pero si no confiamos en nuestro lado derecho nos estamos haciendo un mal favor. Algunos escritores permiten que su lado derecho domine demasiado y acaban destrozando su escritura.
Mira lo que has escrito. Púlelo. Quita lo que veas que sobra, pero no lo tires porque nunca sabes cuando puedes necesitarlo (en otro lugar del manuscrito corregido o bien en otra historia diferente). Empieza el día releyendo lo que has escrito. Eso te pondrá en situación para continuar escribiendo.
Cuando estés corrigiendo considera la idea de pedir a algún corrector profesional que revise tu obra, pero ten muy en cuenta que los escritores no pueden permitirse ser muy sentimentales con su obra. Acepta las críticas y examínalas fríamente. Si no aceptas bien la crítica, tienes un serio problema como escritor. Es un severo handicap.
No corrijas nada en los primeros estadios de la novela. Si corriges demasiado pronto simplemente perderás el tiempo puesto que más adelante volverás a añadir elementos que harán que tengas que volver atrás. Algunos escritores pierden demasiado tiempo corrigiendo sus primeras palabras y nunca acaban nada de lo que empiezan. Corregir los dos primeros capítulos una vez tras otra puede evitar que algún día llegues a escribir el último. También puedes encontrar que has quitado detalles que luego más adelante eran cruciales en la novela y necesites volver a añadirlos. Tu subconsciente, afortunadamente, trabaja contigo y va plantando semillas que más adelante darán su fruto. Si eliminas demasiado pronto, corres el riesgo de no poder usarlo más adelante.
Una técnica útil para la corrección eficaz es dejar descansar la novela por un tiempo antes de emprender su lectura para aclararte las ideas y mirarla con ojos nuevos. En el argot editorial, dormir la obra. A veces verás con más claridad las construcciones extrañas una vez te hayas distanciado de la misma.
 
Reescritura
Casi todos los manuscritos aceptados para su publicación necesitan reescritura en un estado u otro. Aunque la idea principal se mantenga, siempre hay pequeños fragmentos que el editor considera importante cambiar.
La reescritura no es sólo lo que ocurre después del primer borrador. También es un proceso que cambia cada vez que el argumento cambia o que hay un giro inesperado en el argumento. 
No se acaba cuando crees que se ha acabado. Cuando completo el primer borrador de un manuscrito, mi trabajo está entre dos terceras partes o tres cuartas partes completo. Muchos escritores están tan felices de haber acabado todo el trabajo que creen que volver a revisarlo todo es inhumano. Pero ha de hacerse. Siempre.
El aspecto más importante en la reescritura es ser honesto. Debes mirar a tu obra objetivamente y encontrar sus defectos. Confía en tu instinto a la hora de corregir.
No subestimes al lector. Si puede leer, tiene una cierta educación. La mayoría de los escritores tienden a ser redundantes aunque algunos pocos yerran en el otro sentido, siendo tan sutiles que el lector medio no puede captarlos. Es muy posible que aunque no entiendan el significado de todo lo que escribas en su momento, en el momento final, cuando llegue el clímax sí den su lugar a cada frase o hecho relacionado que ha ocurrido con anterioridad.
No sientes cátedra ni pontifiques. A veces escribirás algo con lo que te identifiques plenamente pero que añade muy poco a la historia. Cortar parte de estos fragmentos puede ser doloroso pero también puede ser necesario. Concéntrate en la historia en general, no en un capítulo.
 
Envío a las editoriales, rechazo y vuelta a empezar
Piensa en el último comprador, el lector de pie en la librería. ¿Cómo escoge un libro? Editores y agentes tienen esta cuestión en mente muy a menudo. Así que tú también deberías tenerlo en cuenta.
La clave para vender tu novela reside en comunicar a editores y agentes la excitación que sientes sobre tu libro. Empezaste a escribir una novela sólo a partir de una idea porque a ti te interesaba. Intenta contar esta pasión al editor o agente tan bien como puedas. No debes escribir para el mercado, si no quieres, pero tienes que entender cómo funciona para entrar en él.
Tus antecedentes, y no me refiero sólo a los literarios, también tienen importancia a la hora de incitar a un editor a mirar tu obra. El hecho que seas un experto en el tema que quieres tratar, te ayudará a conseguir la publicación.
Para un editor (o un agente) el tiempo es oro. Para ellos, invertir el tiempo en leer tu manuscrito debe reportarles algún tipo de beneficio para que empiecen a hacerlo.
 
¿Quién comprará?
De la misma manera que un lector irá directamente a la sección de la librería que tiene los libros que más le interesan, un escritor debe conocer a qué tipo de editoriales, e incluso a qué departamentos, o qué personas, debe enviar su obra.
Cada vez que miro un libro, mis ojos automáticamente se dirigen a la contraportada o los créditos, donde aparece el nombre de la editorial que lo ha publicado. Si el libro es parecido a lo que yo escribo, sé de buena tinta que la editorial puede ser un buen camino para enviar mis manuscritos.
 
La carta de presentación
La primera línea de tu carta de presentación debe captar la atención del lector porque seguramente si no lo hace, será la última que lea. Piensa en los mismos términos que pensarías en la contraportada de un libro.
¿Cuál es el anzuelo de tu libro? ¿Quién querrá comprarlo? No importa si tu libro es bueno o no. Si no escribes una buena carta de presentación es posible que nadie llegue a leerlo. Utiliza la idea de tu historia como tu línea inicial.
 

¿CÓMO SE CUENTA UN CUENTO?

Guía para el desarrollo de un taller en el aula


Por: Carlos Castillo Quintero*
 

PRESENTACIÓN

Ese arte viejo de contar cuentos

Carlos Castillo
Han pasado cerca de 20.000 años desde que el anónimo pintor de las cuevas de Altamira recreara historias de caza en aquellos muros. Ese hombre y su naciente grupo social quizá no solo tuvieron la necesidad de pintar aquellas escenas, sino también de contarlas en un ancestral, primitivo, y para siempre perdido lenguaje. Así el hombre se diferencia de los otros animales: por su capacidad de recrear su cotidianidad, de reinventarla. También por su necesidad de trascender.

Puede afirmarse, entonces, que el cuento es el género literario más antiguo de la humanidad y el de mayor difusión. ¿Quién no ha contado, o le han contado, alguna vez un cuento? ¿Quién no ha leído uno? Algunos también los han escrito.Pero ¿qué es un cuento? La palabra cuento viene de del latín computus que quiere decir llevar cuenta de un hecho. Así, el cuento conserva en su esencia un oculto sentido matemático que lo hace riguroso. Contar sería entonces la acción de llevar con palabras la cuenta precisa de un suceso. Un cuento literario, en consecuencia, sería la narración de un hecho usando con arte las palabras indispensables para contarlo.

En un buen cuento el lenguaje fluye y atrapa al lector, le permite reconocer situaciones e identificarse con los personajes que encarnan las acciones. El buen cuento retiene la atención del lector desde la primera línea, y sin desvíos, lo conduce hasta el final, dejándole después de la lectura la necesidad de volverlo a leer.

Por limitarse a narrar un hecho el cuento generalmente es un texto breve, de una a veinte páginas. Sin embargo, puede estar escrito en cincuenta o en cien, pero siempre privilegiando el uso de la palabra justa y necesaria. Siempre centrándose, substancialmente, en contar un solo acontecimiento. Se subraya la esencia matemática y precisa del cuento: en él toda palabra que no sea necesaria le resta fuerza y abre la posibilidad de que el lector abandone la lectura, liquidando así al escritor y menoscabando su oficio. Porque el cuentista al igual que Scheherazada, la fascinante narradora de Las mil y una noches, está sometido al persistente péndulo que se mece sobre su cuello: atrapar al lector. El lector es aquí el Sultán que en caso de no estar satisfecho con lo narrado, ejecuta al narrador, es decir, no lo lee más. No sin razón se dice que el cuento es quizá el género literario más difícil. Sin embargo, creemos que es factible aprender su técnica, he aquí el sentido de esta guía.El material que enseguida se presenta no pretende, ni mucho menos, abarcar todos los elementos que conformarían una teoría sobre el arte de escribir cuentos. Se busca con esta guía que el docente de literatura, el director de un taller literario, o el escritor de cuentos que apenas se inicia en el oficio, encuentren aquí los principios básicos del género, algunos ejercicios y, esencialmente, la experiencia compartida de otro escritor. Si bien estas notas pueden resultar de alguna utilidad, ninguna teoría sustituye a la práctica: el escritor se hace escribiendo, se forma leyendo, y aprende a resolver sus problemas repasando el camino de otros que como él se han enfrentado a los problemas que plantea el infinito y maravilloso universo de la creación narrativa.

1.      MATERIA NARRATIVA

El escritor que comienza en ocasiones no sabe por dónde comenzar. Es decir no sabe cuál es la materia narrativa o punto de partida de la historia que desea escribir. Un panadero, por ejemplo, conoce bien las materias primas para hacer pan y sólo requiere de la técnica para obtener un buen resultado. ¿Pero cuál es la materia narrativa que le permite al escritor concebir sus relatos?

Es necesario señalar que toda narración antes de ser escrita empieza en el mundo de las ideas. La palabra toma forma en la mente del escritor y de allí va al papel. Pero ¿cuál es el alimento de esa mente creativa? La respuesta a este interrogante se resume en tres instancias: la realidad, la fantasía y la imaginación.

1.1         La realidad

Realidad es la existencia efectiva de una cosa. No es absoluta en sí misma, sino que es subjetiva cuando es válida para una sola persona y objetiva cuando lo es para varias. El escritor, en la medida en que es una persona, vive en una realidad que es subjetiva y objetiva simultáneamente. Su realidad es lo que él cree que es, pero también lo que es válido para sus congéneres. He aquí un componente esencial de la materia narrativa: la realidad del escritor, lo que le pasa a él o se entera que le ha pasado a otros, o, lo que él cree que pasa.

1.2         La fantasía

Pero el escritor no está completamente sujeto a la realidad, sino que en ocasiones la idealiza y la transforma a través de la fantasía. El escritor, en la medida en que es un creador, permite que su pensamiento vuele libremente al territorio del fantasear, es decir a un mundo abstracto y sin rumbo definido en donde todo es posible. Pero ese fantasear encuentra su propósito cuando se arriba a la imaginación, es decir al fantasear con sentido.

1.3         La imaginación

La imaginación es la capacidad de crear imágenes a partir de la realidad o de la fantasía, o de una fusión de ellas. La imaginación está mediada por la razón y al contrario de la fantasía siempre tiene un rumbo. Un estratega, por ejemplo, imagina los posibles movimientos de su contendor y en ese imaginar considera informaciones y datos provenientes de la realidad, mezclados con escenarios posibles o imaginados a partir de los cuales espera un resultado: la victoria.

Así mismo el escritor asocia la realidad, la fantasía y la imaginación. Es esa su materia narrativa y el resultado victorioso que de allí se genera es su Literatura, es decir su Ficción que no es realidad, no es fantasía y no es imaginación, sino que es una mixtura de ellas.

Sin embargo para el escritor y para la factura de su obra no interesa qué es real, qué es fantástico o qué es imaginario. Al lector tampoco le importa. Lo único que interesa es que el relato que surja al combinar estas instancias de la materia narrativa sea verosímil, es decir creíble. Al lector no le interesa que los hechos que le son narrados sean reales, fantásticos o imaginarios, o que los personajes que encarnan las acciones lo sean. El lector lo único que busca es que le cuenten un cuento bien contado.

2.      FUENTES DE LA CREACIÓN NARRATIVA

La materia narrativa está dispersa en múltiples fuentes de las que puede beber el escritor. Se señalan enseguida algunas de las más importantes, en donde el novel cuentista puede realizar un trabajo de inmersión del que seguramente saldrá con las anécdotas, argumentos, tramas y personajes que luego irán a constituir el cuerpo de su obra.

2.1         Fuentes internas (del Autor)

2.1.1        Fuente autobiográfica: se dice que todo escritor, independientemente de lo fantástica que pueda ser su obra o de la poca relación que tenga con su propia biografía, en todas las ocasiones escribe sobre sí mismo. La propia vida de quien escribe es una fuente infinita de historias y personajes. El escritor pertenece a una familia, a un barrio o vereda, a un pueblo o a una ciudad, a un país, a un planeta... a una generación, a una especie, a un género... etc. Estos elementos biográficos son la fuente más inmediata y rica de donde surgen relatos maravillosos. No otra cosa es, por ejemplo, Cien años de soledad la inmortal novela del Nobel colombiano Gabriel García Márquez. 

TALLER 1.  Hacer un árbol genealógico en donde, partiendo del escritor, se señalen hacia arriba los nombres y los lugares de procedencia de por lo menos dos generaciones. Es decir los datos relacionados con los hermanos, los padres y los abuelos. Así mismo hacia abajo se deben consignar los datos de por lo menos una generación. Como seguramente el joven escritor aún no tiene hijos se relacionará la información correspondiente a los sobrinos. Hecho el árbol, se llama la atención sobre los cambios en los nombres, los movimientos geográficos de la familia y sus causas, así como la problemática social y política que seguramente dejará traslucir aquella estructura familiar. A partir de estos elementos se escribe uno o varios cuentos. 

2.1.2        Fuente testimonial: una de las condiciones fundamentales de un escritor es su curiosidad sin límites. El escritor, al igual que un gato, debe arriesgarlo todo para satisfacer su curiosidad que estará dedicada a capturar historias. Quien escribe no sólo bebe de las historias que le provee su propia vida, sino también de los testimonios de las vidas de otros. Expresado coloquialmente puede decirse que un escritor es “un chismoso por naturaleza”.

2.2         Fuentes externas (del Medio)

2.2.1        La tradición: en su sentido más amplio la tradición es todo lo heredado de las anteriores generaciones. Literariamente rica esta fuente para el escritor. Los mitos de creación y las leyendas pueden recogerse de los relatos orales de los mayores, y a partir de ellas, elaborar narraciones que de seguro serán muy interesantes. Claro ejemplo de lo anterior es el libro “Antiguos relatos vueltos a contar” de Lu Sin, escritor chino. La tradición incluye, entre otros aspectos, la religiosidad, las costumbres culinarias, el vestido, los rituales domésticos, las creencias, la medicina natural... y, en general, todo aquello que constituye la cultura de una comunidad.

TALLER 2.  Contactar a la persona de más edad en la familia o en el núcleo social del escritor y pedirle que le narre historias del pasado, y a partir de estos relatos escribir un cuento.

2.2.2        La historia: la historia la constituyen aquellos hechos que están documentados, de los que existen archivos. Está la gran Historia, es decir la que tiene que ver con acontecimientos como por ejemplo el Descubrimiento de América, La Conquista, La Colonia o la Campaña Libertadora. De esta fuente surge un subgénero narrativo que es la novela histórica, aun cuando también hay cuentos y relatos basados en esta fuente. Pero además están las pequeñas historias, las que se refieren a una persona o a un hecho familiar o local. Esas historias, cuando son representativas de situaciones universales, valen la pena como fuente primaria para un relato.

2.2.3        La metaficción: en el mundo contemporáneo existe una estrecha relación entre las artes. El cine se nutre de la literatura, ésta del cine, la pintura del video y la fotografía etc. La metaficción es la obra artística que se crea a partir de una ya existente. Así, el escritor puede beber de la fuente creativa de otras obras, desde luego respetando siempre los derechos de autor. Claro ejemplo de esto es la novela La guerra del fin del mundo del peruano Mario Vargas Llosa, la cual escribe como una versión contemporánea de un libro clásico, la novela Os Sertoes del brasileño Euclides Da Cunha.

TALLER 3.  Escoger una pintura clásica que ojalá represente a varios personajes, y a partir de ella escribir un relato que desarrolle lo que la pintura sugiere. El maestro puede preparar en diapositiva o acetato esta pintura, proyectarla en el aula y dejar que los estudiantes o talleristas dejen volar su imaginación con lo que ven. Luego se pide que escriban lo que será el primer borrador de un cuento.

3.      ESTRUCTURA BÁSICA DE UN CUENTO

Un cuento es una composición literaria breve,  pensada para ser leída de una sola vez, que se estructura básicamente mediante un esquema que se resume en: Introducción, Desarrollo y Desenlace. Los principios esenciales del arte de escribir cuentos, son:

3.1         Tema e Idea

El tema es de lo que trata el cuento. La capacidad para ubicar el tema para un cuento, es parte esencial del oficio del escritor. El tema debe ser universal para lo cual debe tratar sobre aspectos que toquen la esencia de la vida humana, puesto que humanos serán quienes vayan a leer ese cuento. Si bien el tema puede ser local o personal, debe tener un valor intrínseco que lo universalice. Los grandes temas de la Literatura han sido el amor, la muerte, el heroísmo, los celos, la traición, la venganza. García Márquez los resume en los dos primeros: el amor y la muerte.

Un tema puede ser tratado desde diferentes Ideas. Por ejemplo puede hablarse de la muerte narrando una hecatombe nuclear, o desde la relación de la enfermedad y muerte de una mascota. La idea escogida por el autor para tratar un tema tiene que ver con la intensión que persiga: denuncia social, romanticismo, drama... etc.

3.2         Anécdota base y Argumento

La habilidad del cuentista inicia al escoger el hecho o la anécdota base que pueda ser tema para un cuento. La anécdota en sí misma no sirve. Un hombre sale de su casa y se dirige al trabajo es, por ejemplo, una anécdota o un hecho base que no presenta muchas posibilidades. Si este hombre en ese breve y habitual trecho de su vida cotidiana perdiera la memoria, la anécdota base se convierte en un tema: la identidad.

La anécdota base se convierte entonces en Argumento y su desarrollo permite que tome forma el tema y la idea inicial. Escoger argumentos rebuscados o provenientes del fantasear sin imaginación, conduce a la escritura de cuentos que no le dicen nada al lector, que le son completamente ajenos, que son solamente ejercicios del lenguaje pero no “tocan” a quien los lee.

Si bien un cuento se debe centrar en narrar un hecho, en su desarrollo argumental es necesario que se construya una historia secreta con lo no-dicho, con lo que se alude, tal y como lo expone Ernest Hemingway en su teoría del iceberg: el cuentista excelente apenas deja ver la punta de la montaña que subyace en lo más recóndito del cuento que narra. Casa tomada, el cuento de Julio Cortázar, es un buen ejemplo de esta teoría.

3.3         La Trama

Trama, en el sentido de urdimbre, es en un cuento el cruce de hechos y personajes en una línea de tiempo. Un personaje encarna una acción y la realiza en un tiempo y un espacio determinados. Con esto y con el accionar de los demás personajes se teje la trama. El cuentista debe desarrollar la trama de su cuento de manera natural, proporcionando al lector la información necesaria para comprender la historia que se le está contando.
Una forma clásica de la trama es: un personaje quiere algo (se crea una necesidad), lo persigue a pesar de los posibles obstáculos (se genera tensión) y al final consigue su propósito o fracasa (se da un desenlace).

3.4         Los Personajes

Los personajes son quienes encarnan la acción. Pueden ser personas, animales, cosas e incluso ideas o abstracciones. En Pinocho, la novela de Carlo Collodi, el personaje es un muñeco de madera; en La metamorfosis, de Franz Kafka, es un hombre convertido en insecto; en Pedro Páramo, de Juan Rulfo, los personajes son voces de gente muerta; o en Carta a una señorita en París, el cuento de Julio Cortázar, el personaje es un hombre que vomita conejitos.

Se aconseja al cuentista que comienza que se ejercite en el arte de convertir personas reales en personajes. Es mejor caracterizar un personaje que se está viendo en la realidad, que se conoce, que uno imaginario.

Construidos los personajes, el cuentista habrá de convertirse en señor de sus criaturas. Habrá de gobernarlas y conducirlas a que hagan lo que él espera que hagan, ya que el cuento no permite disgresiones. En la medida en que la voluntad del cuentista predomine sobre sus personajes la historia que narra tomará ritmo, tensión e intensidad.

3.5         El Narrador

El narrador es quien cuenta el cuento. No debe confundirse con el autor que es la persona real que crea la historia. El narrador es un ente de la ficción que se encarga de contar la historia. Este aspecto es quizá el más importante para un cuentista. Elegir el narrador correcto puede salvar un tema, una idea, un argumento o una trama poco interesantes, y viceversa: elegir al narrador inadecuado “mata” la mejor historia que haya concebido un autor.

3.5.1.      Persona gramatical: un cuento puede ser narrado en tercera persona, en cuyo caso se habla de un narrador omnisciente (Ej. El niño se baña en la piscina). En segunda persona (Ej. Te bañas en la piscina). O en primera persona (Ej. Me baño en la piscina). El narrador en primera persona es simultáneamente personaje, no así los contados en segunda y tercera persona gramatical.

3.5.2.      El Ancla: se llama ancla al momento escogido para contar los hechos. Un mismo acontecimiento, aun cuando lo refiera el mismo narrador, tendrá matices diferentes si es narrado cuando sucede, antes de suceder, o tiempo después de sucedido. Según en donde se ponga el ancla el cuento será uno u otro.

3.5.3.      El Punto de vista: se refiere a la perspectiva desde donde habla el narrador. De allí se desprende la posición ideológica, religiosa, social, política... etc., del autor.

TALLER 4.  Narrar una historia en las tres personas gramaticales, posteriormente compararlas y decidir cuál de ellas se acomoda mejor a lo que desea el autor.

3.6.      El Cronotopo (Tiempo y Espacio narrativo)

De preferencia el tiempo en el cuento debe ser corto y concentrado, ya que corresponde al hecho narrado y debe limitarse a seguir las principales líneas de la acción.

El tiempo también relaciona la época en la cual suceden los hechos. ¿Es el tiempo presente? ¿El futuro? ¿El pasado? Así mismo hace referencia al tiempo atmosférico: ¿Es de día, de noche, llueve, hace sol...?

El espacio narrativo es el lugar en donde se desarrollan las acciones. ¿Es un espacio rural o urbano? ¿Es un espacio abierto, un parque por ejemplo? ¿O es un espacio cerrado, el cuarto de un hotel por ejemplo? ¿Los hechos están sucediendo en el fondo del mar, en la Luna, en el Infierno, en el Cielo...?

TALLER 5. Tomar un cuento clásico (Caperucita roja, La bella durmiente...etc) y reescribirlo cambiándole el tiempo y/o el espacio narrativo. ¿Cómo sería el cuento de Caperucita en el Siglo XXI? ¿Qué pasa si la Bella Durmiente se despierta en el año 3000 en el planeta Marte?

3.7.      La Atmósfera (Tono y Ritmo)

Edgar Allan Poe, uno de los padres del cuento clásico, debe mucho de su arte genial a su capacidad para crear atmósferas. La atmósfera del cuento es lo que lleva al lector a sentir miedo, tensión, hilaridad o desagrado, entre otras múltiples sensaciones que dependen de las intenciones del autor.

El narrador es quien le da el tono al cuento. Si se expresa irónicamente no será lo mismo que si lo hace con bondad, o viceversa. El narrador a través del tono que utiliza transmite al lector una u otra sensación y caracterizará en forma diferente a los personajes. Así, puede decirse que el tono es, en resumen, la actitud emocional que el narrador mantiene hacia el argumento y hacia los protagonistas, modificando la historia según lo que pretenda el autor.

El ritmo tiene que ver con la forma en que el autor plantea el desarrollo de las acciones.  El cuento debe comenzar interesando al lector. En un buen cuento la primera frase determina el ritmo y la tensión de toda la narración. El ritmo permite que el lector vaya de principio al final del texto sin perder interés. Horacio Quiroga, cuentista genial, decía que un cuento debe ser como una flecha disparada hacia un blanco. Cortázar lo definió como el golpe definitivo y fulminante que un boxeador da a su contrincante. Estas definiciones se fundamentan, entre otras cosas, en el ritmo e intensidad que debe tener un cuento.

3.8.      El Estilo

Un artista, en general, lo es porque ha logrado un estilo que permite que lo diferencien de los demás. Así mismo un escritor. El realismo mágico de García Márquez, por ejemplo, es reconocible aun cuando no lo escriba él.

Estilo es el modo particular de hacer algo, para el caso, el modo de escribir que caracteriza a un autor, su sello personal, su marca. Ese debe ser el objetivo del cuentista que comienza: alejarse de las imitaciones y del plagio, y buscar su propia voz, aquella que lo distinga y lo legitime entre la multitud de sus pares.

BIBLIOGRAFÍA

·         BOTERO, Rafael. Los trabajos de Penélope. Una aproximación a la literatura. Fondo Editorial Universidad EAFIT. Medellín, 2004.
·         BURGUERA, María Luisa. Textos clásicos de la teoría de la Literatura. Editorial Cátedra. Madrid, 2004.
·         JOLIBERT, Josette. Formar niños lectores y productores de poemas, Dolmen Ediciones S. A. Santiago de Chile, 1992. 
·         MAYORAL, Marina (comp.). El oficio de narrar. Ediciones Cátedra. Bogotá, 1989.
·         MENDOZA, Plinio Apuleyo. El olor de la guayaba, Entrevista a Gabriel García Márquez. Bruguera, Barcelona, 1982.
·         PEÑA GUTIERREZ, Isaías. “Argumentos teóricos acerca de los talleres de creación literaria”. En: “Bitácora de los Talleres Literarios en Colombia”. Mincultura, Dirección de Artes. Bogotá, 2000.
·         RAMÍREZ, Sergio. Mentiras verdaderas. Editorial Alfaguara. México. 2001.
·         RODARI, Gianni. Gramática de la fantasía – Introducción al arte de inventar historias,  Imprimeixs. Ltda. Bogotá D.C., 1982.
·         ZAVALA, Lauro. La minificción bajo el microscopio. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá, 2005.


* Carlos Castillo Quintero: Narrador y poeta. Ha publicado los libros de cuento Los inmortales y Carroñera y otras ficciones perversas; la antología de El placer de la brevedad, Seis escritores de minificción y un Dinosaurio sentado; y cuatro libros de poemas. Actualmente es el director del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá, adscrito a la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa – RENATA  del Ministerio del Cultura.

Consejos para narradores

Planifica tu libro. Escribir un libro es como construir un edificio: antes de empezar a escribir asegúrate de tener un plano. Piensa bien que quieres contar, cómo vas a organizar la información en capítulos, cómo vas a terminarlo.

No te dejes vencer por la página en blanco. No olvides que todo lo que escribas puede ser después corregido, re-escrito o incluso borrado, así que, simplemente, escribe. Sin prisa, sin presiones, pero con constancia. Recuerda que no se trata de escribir una obra maestra, solo de terminar tu libro.

Lee. La lectura es el oxígeno del escritor, te inspirará y te motivará. Si estás escribiendo una novela o un poemario, lee novelas y poemas. Si estás escribiendo un libro de no ficción –un ensayo, un libro de auto-ayuda, un recetario... – lee libros parecidos. Leer es el calentamiento de la escritura.

Imponte un horario fijo de escritura. Puede ser dos horas cada tarde, las mañanas del fin de semana, o tres horas el jueves por la noche... No importa. Lo esencial que, una vez decidas tu horario de escritura semanal, lo respetes. Solo alcanzarás la cima de la montaña si caminas aunque sea poco a poco.

Ten siempre a mano un diccionario. Es la herramienta básica del escritor, tanto para escribir una novela como un libro de no-ficción; en especial el Diccionario de Sinónimos y Antónimos. Te ayudará a expresarte mejor y a no repetirte. Si escribes ficción (novelas, relatos, poesía...) te será también muy útil un Diccionario Ideológico.

Busca tu propia voz. No intentes escribir de forma complicada, con frases largas o con un lenguaje complejo. Sé tú mismo/a. Ten en cuenta que el primer propósito del lenguaje es transmitir ideas, por lo que la claridad y la sencillez pueden ser nuestros mejores aliados, especialmente si estás escribiendo tu primer libro. Imagina a tu futuro lector como a un amigo, no como a un juez.

Documéntate a cada paso. Necesitas la precisión, la concreción y la exactitud para que tu libro sea interesante. Esto es así para cualquier tipo de escrito: si eres novelista y tu personaje viaja a Londres busca nombres de calles o lugares concretos de la ciudad. Si habla con un antropólogo, busca los términos que éstos utilizan para expresarse. Y si escribes un libro de no-ficción reunir datos es un paso esencial para que éste resulte útil a tus lectores.

Busca opiniones externas. Pásale tu libro a amigos, a conocidos o –mejor aún– a personas que creas que reúnen las características de tus futuros lectores. Pídeles su opinión de forma muy concreta: qué les ha gustado más de tu libro y qué menos; si en algún momento se han aburrido o si hay algo que no se entiende bien. No te pongas a la defensiva ni intentes convencerles de que tu libro es muy bueno: acepta sus opiniones y tómalas en cuenta a la hora de revisar.

Revisa lo escrito. Relee lo que vayas escribiendo y ve haciendo los cambios que creas oportunos. Cuando termines el libro, déjalo reposar unos días y después vuelve a leerlo con nuevos ojos. No temas reorganizar los capítulos, alterar frases o expresiones o incluso recortar trozos enteros. Las palabras son tu material de trabajo, moldéalas como necesites.

No olvides que a escribir se aprende escribiendo. Nadie nace escritor. El primer libro siempre cuesta más y puede que el resultado no nos satisfaga al 100%... No importa, tómatelo como una práctica: el próximo saldrá mejor. Escribir es como cualquier otra actividad en la vida, cuanto más la practicamos, mejores son los resultados.

Autora: Diana Morales
Texto sacado de: http://www.portaldelescritor.es/

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